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El año pasado la crítica se mostró dispar a la hora de recibir “Güero”, el sexto álbum de estudio del californiano. Para muchos fue un retorno exitoso a la mezcla extática de estilos y universos musicales que Beck había desarrollado nueve años atrás en su obra magna, “Odelay”. Para otros, no era más que un intento a la desesperada del pequeño (¿ex?) genio por recuperar la inspiración y gobierno en el mundo del rock alternativo.

El año pasado la crítica se mostró dispar a la hora de recibir “Güero”, el sexto álbum de estudio del californiano. Para muchos fue un retorno exitoso a la mezcla extática de estilos y universos musicales que Beck había desarrollado nueve años atrás en su obra magna, “Odelay”. Para otros, no era más que un intento a la desesperada del pequeño (¿ex?) genio por recuperar la inspiración y gobierno en el mundo del rock alternativo. El denominador común que descansaba entre líneas de ambas afirmaciones era que “Güero” no representaba nada nuevo ni mejor en el currículo del creador de “Devil’s Haircut”. Temas que efectivamente remitían al imaginario de sus primeros discos, pero que ya no contaban con el factor sorpresa, novedoso y fresco de aquéllos. Ahora, “The Information” insiste en el trayecto. Tercera colaboración entre Beck y Nigel Godrich -las dos anteriores, los intimistas “Mutations” y “Sea Change”, “The Information” se empezó a gestar tras el disco de ruptura (no sólo sentimental) que supuso “Sea Change”. Tras el impasse que hizo que el cantante reuniera fuerzas con The Dust Brothers en “Güero” y el productor con McCartney en “Chaos And Creation In The Backyard” y Thom Yorke en “The Eraser”, ambos retomaron el pulso, y a tenor del resultado, las últimas colaboraciones han dejado su impronta. A cierta distancia del folk y canción de autor que habían marcado sus dos colaboraciones anteriores, Hansen y Godrich tejen a lo largo de los quince cortes del disco un conocido collage de formas y estilos –folk, hip hop, psicodelia, pop…-, que junto a las psicofonías y ropajes sonoros marca de la casa forman el núcleo de la composición. Como un alquimista que convierte su propia magia en receta de supermercado, el angelino revisa y reitera su propio crisol en temas como las hipnóticas “Nausea” y “I Think I’m In Love” (donde nos parece estar escuchando a Eels), en el guiño al freak-folk de Banhart y allegados en “New Round”, o en el acercamiento a Eno de “Movie Theme” -con una letra que deja en plano manifiesto su actual filiación a la Iglesia de la Cienciología. Son las canciones a las que toca coger el testigo de los “E-Pro”, “Qué onda güero” o “Missing” de su álbum anterior. Pero no más que eso. Podemos consolarnos con la idea, bien cierta, de que Beck ha vuelto a hacer lo que mejor le sale y, ataviado de sus vestiduras druídicas, aunque algo apolilladas, sigue haciéndonos disfrutar con su camaleónico arte puntillista y barroco. Después de todo, de eso es de lo que se trata, ¿no?

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