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flaming lips

En activo desde 1983, la banda de Wayne Coyne, The Flaming Lips, va camino de batir records de longevidad, con el mérito añadido de seguir sólo sus reglas. La gloria les llegó en el 99 con “The Soft Bulletin”, obra maestra del indie pop con ropajes de surrealismo ácido. Aquella fórmula magistral se refinó con nuevas entregas tan excéntricas como notables (la mejor, “Yoshimi Battles The Pink Robots”), aunque la electrónica angulosa de “The Terror” (Bella Union, 13) les dejara un poco desenfocados. En los últimos años, Coyne y su compinche Steven Drodz se han entretenido con proyectos lúdicos colectivos con la insospechada complicidad de la estrella juvenil Miley Cyrus, con la que mantienen la química: la ex Hannah Montana vuelve a participar -concretamente, en la última canción del disco “We A Family”- y Coyne ironiza con la posibilidad de estar mezclándose demasiado con millonarios…

“Oczy Mlody”, su decimoquinto álbum, se presenta desde el sello como la vuelta de la banda al formato de pop psicodélico de los tiempos de gloria. Producido de nuevo por Dave Fridmann, en el encantador single “The Castle” encontramos algunas claves: Sobriedad contenida, arreglos excéntricos y esa rara y delicada vulnerabilidad que nos retrotrae al tempus fugit de himnos como aquel “Do You Realize?” de “Yoshimi”. Así que, ¿simple vuelta al pop marciano? Ni mucho menos. Coyne describe el sonido del álbum, que se viste de electrónica orgánica (algunos pasajes y ritmos, especialmente en “Galaxy I Sink” y “One Night While Hunting For Faeries and Witches and Wizards to Kill”, recuerdan a Björk), como un cruce imposible entre Syd Barrett y el rapero ASAP Rocky.

El subconsciente juega un papel sustancial: Coyne extrajo las palabras polacas del título de un libro que encontró en una polvorienta tienda de segunda mano. Sin tener ni idea de su significado, las usó para bautizar una hipotética droga del futuro diseñada para sacarnos de las miserias cotidianas de este mundo, llevándonos de vuelta a la fuente de todo: Nuestra infancia. El viaje del disco, con aroma conceptual, estaba servido, porque resulta que las dos palabras significan “Ojos de jóvenes”. La misteriosa melodía que da título al disco les sugirió un sonido general casi abstracto.

Valiente fantasía futurista surreal de melancolía desatada, “Oczy Mlody” recupera a una banda con sobrada capacidad para encontrar oro melódico, ritmos infecciosos, arreglos imaginativos, ambientes de belleza majestuosa e inquietantes atmósferas. The Flaming Lips nos llevan de la mano a un Oz siniestro y luminoso de ranas con ojos diabólicos, galaxias perdidas, dragones y cazadores de hadas y brujas en que la infancia (o su espíritu) es el último refugio. Todo un viaje y un festín para nuestros oídos, que no se resiente de una duración, de nuevo, generosa.

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