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Si Dave Grohl nos sorprendía a todos al cambiar su rol de batería de Nirvana por el de guitarra, batería y cantante de Foo Fighters, editando para más inri un álbum magnífico, ahora con este -siempre difícil- segundo trabajo, nos va a conducir al éxtasis.Han transcurrido casi dos años entre el primero y el que nos ocupa ahora. Dos años en el que el mundo de la música ha estado removido, que no estremecido, por la nueva fiebre de la maquinita y el sampler. Lo hemos soportado, pero en lo más profundo de nuestros corazoncitos, soñábamos con un disco que nos devolviera la fe en la ferocidad guitarrera de sentimientos pop. Los que cada día recurríamos más a menudo a nuestros viejos discos de Nirvana (of course), Husker Dü, Girls Against Boys, Fugazi o Pixies, queríamos en el 97 un disco como éste. Lo anhelábamos tanto que hasta exaltábamos obnibulados con las construcciones más nimias que nos ofrecían grupos como Nada Surf, China Drum o Ash.

David Grohl se ha alejado de los postulados más “nirvaneros” que marcaban su anterior trabajo, (excepto en algún tema como “Wind Up”) para dejarse empapar por Pat Smear (guitarra) y Nate Mendel (bajo), antiguos componentes de los excelentes (sobre todo por su imprescindible primer álbum) Sunny Day Real State. Juntos han realizado un verdadero trabajo de equipo, al que cabe añadir la excelente aportación de Gil Norton como productor del álbum. ¿Resultado? un disco de una inteligencia sorprendente. Y cuando hablo de inteligencia no hago uso de un adjetivo gratuito.

Una vez escuchado el álbum uno no puede más que quitarse el sombrero ante la sabiduría de la que han hecho gala a la hora de disponer los temas. Desde abrir con ese “bocato de cardinale” que es “Doll”, conectada con la simple adicción de un single redondo como “Monkey Wrench”, hasta realizar combinaciones perfectas de buenas dosis de fiereza (en ocasiones muy a lo Pearl Jam como en “Enough Space”), con pequeñas joyas de dulzura perturbadora (como en la maravillosa “February Stars”). Una colección de canciones que te envuelven, te penetran hasta conseguir que te diluyas en un mar de emociones. Temas de increíble factura como “Hey Johnny Park!” o “Everlong”; interpretados y grabados con una majestuosidad que los infla; llenándolos de una delicadeza especial.Y en este sentido no deja de sorprender el excelente trabajo vocal de David. Un trabajo que lo convierte en uno de los mejores cantantes de la escena actual. Lo dicho, Foo Fighters se confirman como una de las bandas más importantes de este final de década. Espero que los podamos tener por aquí este verano porque verlos en directo es ya una obligación.

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