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Algunos no olvidamos el lugar del que venimos, musicalmente hablando. Yo podría servirles de ejemplo, pero mejor usemos el caso de Sir Bob Cornelius Rifo, espíritu y motor de ese ente llamado The Bloody Beetroots. El italiano, pese a que hace ya mucho que se mueve en el mundo de la electrónica, combinando rudeza y comercialidad dependiendo del tema, no ha hecho más que sumar desde que inició su carrera. Para lo bueno y para lo malo, claro está. Para lo bueno porque eso le permite recuperar a sus héroes del rock y crear junto a ellos canciones poderosas y que funcionan tanto en directo como en las sesiones para las pistas más brutas, y encima ninguno le niega la oportunidad al descubrir su sorprendente grado de excitación. Por eso ha grabado junto a Tommy Lee (Mötley Crüe), Justin Pearson (The Locust, Dead Cross), Dennis Lyxzén (Refused) o incluso Penny Rimbaud (ex-Crass), y por eso ahora le suman artistas como Jet, el mismísimo Perry Farrell, Jay Buchanan (Rival Sons), Anders Fridén (In Flames), Jason Aalon Butler (Letlive), los británicos Gallows o el dúo gótico Prayers. Junto a ellos da forma a lo mejor de su nuevo larga duración, sobre todo en los casos de Jet (“My Name Is Thunder”), Farrell (“Pirates, Punks & Politics”, una mezcla de Jane’s Addiction y RATM) y Jason Aalon Butler (“Crash”), nombres que encajan a la perfección con la cara dura de The Bloody Beetroots y con los que da forma a salvajadas de rock y hardcore con base electrónica.

Como diecisiete temas dan para mucho, Sir Bob Cornelius también se permite grabar con Deap Vally ese drum’n’bass rock que es “Drive”, firmar instrumentales a la Justice (“The Day Of The Locust”), brutezas a lo South Central (“Saint Bass City Rollers”) y –y esa es la parte mala- incluir algunas piezas excesivamente almibaradas (“Invisible” o “The Great Run”, con su habitual Great Svabo Bech), a un paso del AOR de manual (“Nothing But Love”) o del EDM menos apetecible (“Enter The Void”, con Eric Nally).

De todo ello extraigo una conclusión, que Sir Bob suma con la intención de mantener a sus dos públicos, a aquellos que son capaces de romperse la crisma en los conciertos con banda y aquellos que solamente han aceptado sus canciones más accesibles. Quizás sea un error a la hora de dotar de coherencia al disco, pero mientras el italiano mantenga su cara más dura algunos continúaremos sumándonos a su causa cuando, cada cierto tiempo, aparque sus alias y publique como The Bloody Beetroots.

 

MÁS SOBRE THE BLOODY BEETROOTS

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