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Cantes convertidos en canción, pero cantes al fin y al cabo. Ahí reside la esencia de “Tendrá que haber un camino”, la última aventura discográfica de Soleá Morente. La hija mediana del revolucionario cantaor Enrique Morente propone en su debut discogáfico un trabajo que no se conforma con tener el flamenco como base, también juega con otros palos como la sevillana, el tango, el fandango o la granaína. Todo ello llevado a un lenguaje cercano al rock y al indie pop. Unos códigos con los que Soleá Morente ha estado en contacto en los últimos años gracias a sus proyectos musicales junto a Los Evangelistas que, ahora en un segundo plano, no han querido desmarcarse de esta peculiar revisión de la tradición. Una traducción de los testimonios musicales con los que Soleá ha convivido siempre que se ha realizado desde el respeto, la fascinación, pero sobre todo desde la libertad. Es por eso que en estas trece canciones encontramos psicodélicas granaínas interpretadas más como canciones que como cantes, que para no llevar al equívoco adquieren el sobrenombre de “falsa granaína”. Como su padre siempre que podía, Soleá echa mano de la familia en un trabajo que cuenta no solo con las voces de Estrella y José Enrique Morente, también con su madre, Aurora Carbonell y la guitarra flamenca de su tío, Montoyita.

La cosa queda en casa puesto que el disco ha sido grabado en el estudio que la familia Morente tiene en su domicilio del Albaicín (Granada). También en el estudio del propio Jota, que además canta en “Arrímate”. Muy en la línea de Grupo de Expertos Solynieve, el músico pone voz a un fandango creado sobre un texto popular que convive con otros textos de mismo origen, como es el caso de “Solos tú y yo”, un tango que Jota y Soleá arrastran hasta los terrenos de la psicodelia. Tintes del rock andaluz de Triana tiene el tema “Están bailando”, en el que Soleá se arranca con las castañuelas y por sevillanas canta eso de “Busco el quererte, como si fueras mío, busco el quererte, y en la luz de tus ojos, veo la muerte”. Canciones que conviven con la reconocible firma de La Bien Querida en “Vampiro”, “Nochecita Sanjuanera” o el single “Todavía”. También con composiciones de otros compañeros como Manu Ferrón, Antonio Arias, Miguel Martín o David Rodríguez. Este último es el culpable de “Tonto”, un tema con tintes de pop electrónico que cohabita sin problema con el violín de Jordi Montero o la guitarra flamenca de Montoyita.

Todas estas propuestas se suman a poemas de Antonio Machado o de Federico García Lorca, a quién tantas veces cantó el maestro Morente. Su influencia más directa se aprecia sin rodeos en las adaptaciones de “Dama errante (Winter lady)” y “Esta no es manera de decir adiós (Hey, that’s no way to say goodbye)”, dos temas de Leonard Cohen que conservan la concepción original que propuso Enrique Morente para incluirlos en “Omega”.

Pese a su heterogeneidad, “Tendrá que haber un camino” suena compacto, coherente. El resultado de esa comunión natural entre tanto artista es un disco que parece haberse compuesto por una única persona. Alguien que desde la oscuridad y la pena más absoluta de “Yo escucho los cantos” va caminando en busca de la libertad y la luz. Alguien que finalmente llega a ese canto a la esperanza que es “Todavía”, canción encargada de cerrar el disco.

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