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Tendemos a diseccionar la evolución de Swans en una primera etapa en que la banda se entregó al brutalismo no wave, una continuación claramente influida por el protagonismo de Jarboe, y una tercera y última que arrancaría con su reunión en 2010 y llegaría hasta la actualidad. En realidad, como todo lo que tiene que ver con el universo de Michael Gira, la realidad es mucho más compleja que eso y profundizar en la discografía de Swans desde su formación en 1982 hasta la ruptura de 1997 es perderse en una infinidad de lanzamientos, formatos e intencionalidades diversas a los que parece que esta nueva oleada de reediciones coordinadas entre Young God y Mute tampoco va a poner excesivo orden. Si hace un par de meses todo arrancaba dentro de la lógica con el brutal primer largo de la banda, “Filth” (1983), extendido a una versión de tres discos, ahora en una pirueta temporal avanzamos casi una década para recuperar los olvidados “White Light From The Mouth Of Infinity” (1991) y “Love Of Life” (1992), comúnmente conocidos como “los discos de los conejitos” por el inconfundible artwork a cargo de Deryk Thomas. Siguiendo la extraña costumbre de Gira de agrupar discos pasados en “paquetes”, se recuperan en un sólo lanzamiento tanto para LP como para CD, con un tercer disco de bonus y convenientemente remasterizados para la ocasión por Doug Henderson (quien ya se había encargado del master final de “The Seer” y “To Be Kind”). Pero antes de nada un poco de contexto…

Con Swans ya finiquitados, Gira publicó a través de su propio sello Young God allá por 1999 un recopilatorio de dos discos y nombre bastante elocuente: “Various Failures 1988-1992” (“Errores varios 1988-1992”), en el que precisamente ya se incluía buena parte de este material que ahora se recupera. Aquella fue una etapa complicada para la banda de Nueva York, que en 1989 publicaba su primer y único disco con una multinacional –“The Burning World”-, fracaso sin paliativos con el que inmediatamente les pusieron de patitas en la calle. Además, el peso cada vez mayor de Jarboe en la composición y el sonido de la banda hizo que durante un tiempo la pareja hasta desarrollara un proyecto paralelo bautizado Wold Of Skin para dar rienda suelta a incursiones cercanas al folk y la new age. En el disco de extras se incluyen un par de temas suyos: “Drink to Me Only With Thine Eyes”, prácticamente un tema a capella de Jarboe, y la versión, también cantada por ella, de “Black Eyed Dog” de Nick Drake. De otras decisiones de la época que irónicamente supusieron el momento de mayor popularidad para Swans -la doble cover del “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division-, Gira se ha lamentado toda la vida. Todo esto no es más que un circunloquio para concluir que Swans pasaban un momento más bien amargo cuando grabaron estos dos discos y que el líder supremo del grupo no oculta los reparos que le despiertan “White Light From The Mouth Of Infinity” y “Love Of Life”, a pesar de que el tiempo le ha conciliado con estos trabajos identificando sus innegables aciertos.

“White Light From The Mouth Of Infinity” apuesta sin medias tintas por un goticismo que se mueve entre lo abrasivo (la apertura con “Better Than You”, la épica “Will We Survive”), apuntes folk que años después se desarrollarían en The Angels Of Light y la negra espiritualidad que aporta Jarboe, que visto hoy con perspectiva resulta extravagante en comparación con el verdadero ADN de la banda. Más o menos se contó para la ocasión con los mismos músicos que habían participado en “The Burning World” -lo que incluía a un Norman Westberg en un papel cada vez más secundario como guitarrista- pero con Michael Gira asumiendo las labores de producción en sustitución de un Bill Laswell que no había sabido entender la idiosincrasia del grupo en el anterior lanzamiento.

Westberg definitivamente se bajó del proyecto el año siguiente a la hora de grabar “Love Of Life”. No es de extrañar: las guitarras eléctricas ceden protagonismo ante las acústicas y algunos sintes, aunque eso no quiere decir ni mucho menos que Swans hayan dejado de ser el grupo asusta-viejas por excelencia. Aquí la banda es propulsada en buena medida por el trabajo rítmico del Unsane Vincent Signorelli, tan minimalista como atronador. También hay algo parecido a canciones pop (“The Sound Of Freedom”, “Amnesia”), un retorno a la manipulación de cinta en los seis interludios que dividen el álbum, y un tema a lo This Mortal Coil (“She Cries For Spider”) para Jarboe.

Tiene razón Gira en retractarse y darles (darnos) una oportunidad a dos álbumes que posiblemente en su día, con el fenómeno The Sisters Of Mercy azotando duro, pasaran erróneamente por coyunturales pero a los que el discurrir del tiempo ha sentado bien. Son en realidad discos que por una parte funcionan como etapa de transición hacia el intimismo de The Angels Of Life y por otra ayudan a explicar el vínculo que convierte al proyecto en solitario de Gira en el reverso desnudo de esas obras mayúsculas que son “The Seer” y “To Be Kind”.

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