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“Product” recopila dos años de intenso trabajo para Sophie, alias del joven productor británico Samuel Long al que apenas tres singles han servido para convertirse en sensación de temporada. Tras firmar junto al capo del pujante sello/colectivo PC Music ese locurón bubblegum que es “Hey QT”, Madonna -siempre atenta a la hora de reclutar a jóvenes talentos para su causa- le llamó a filas para formar parte del equipo de “Rebel Heart”. Por su lado la pujante Charli XCX ya ha anunciado que su inminente nuevo álbum, particular pica en Flandes del pop comercial, llevará la firma de Sophie en la producción. Así que, de tanto trabajar y codearse con la élite del mainstream, no extraña que este “Product” (primer largo o casi: apenas alcanza los veinticinco minutos) se haya construido en buena medida a partir de material reciclado y que de los tres singles que el londinense ha publicado hasta la fecha sólo se quede fuera su debut de 2012, el adictivo “Nothing More To Say” / “Eeehhh”, demasiado cercano a la ortodoxia house para los caminos que Sophie transita de un tiempo a esta parte.

Porque “Product“ se sitúa deliberadamente en los márgenes y sus ocho temas -los ya conocidos “Bipp”, “Elle”, “Lemonade” y “Hard” y cuatro inéditos- se convierten en un enloquecido pim-pam-pum en el que cabe desde k-pop pasadísimo de azúcar (y de pitch) a dosis de avantgarde sintético. El tipo es capaz de escribir un hit, multiplicar los BPMS por dos, dejarlo en los huesos reduciendo las pistas a sinte y voz y que aún así siga sonando emocionante (“Just Like We Never Said). También de construir un tema a partir de collages de zumbidos, errores digitales y carillones 2.0 y que el resultado aún se parezca remotamente a una canción (“L.O.V.E”).

En ese sentido la propuesta de Sophie inevitablemente nos hace pensar en el Aphex Twin que a la altura de “Richard D. James Album” ponía patas arriba el concepto drum’n’bass entre arrebatos polirrítmicos y fugaces melodías interpretadas por voces infantiles que nos dejaban con el culo torcido. No se me malinterprete: Long dista mucho de ser un mero chuparuedas y el tratamiento al que somete a sus producciones, que más que escucharse se palpan y masajean el cortex cerebral, le convierte en punta de lanza por mucho que inevitablemente le relacionemos con los coleguitas de PC Music (todo sea dicho, aún más dados a hiperglucemia que él). Es el Ned Brainard de la nueva generación electrónica y, como el científico de “Un sabio en las nubes”, ha descubierto su particular flubber, un producto antigravedad que al inyectarlo en sus canciones provoca que no paren de rebotar contra las paredes. También dentro de nuestras cabezas.

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