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Dice mi primo el inglés que hace tiempo que no hay que prestar atención a Morrissey, que sus letras ya no muerden y que sus guitarras son de puros mercenarios. Aunque él sepa más que nadie lo que es cool, que para eso es inglés, no tiene razón. “You Are The Quarry” era un disco magnífico lleno de canciones enormes de pop en el que Mozzer aún se revolvía como la víbora que es, pero “Ringleader…” es otra cosa.

Se ha relajado en Roma, se ha puesto en contacto con Morricone y Tony Visconti, aquel productor al que había que haber asesinado ya por algunas de sus producciones de Bowie, y ha hecho su disco de planteamiento más relajado hasta la fecha. Hay guitarras glam y pianos distantes, como siempre, pero también muerte y amor y Dios por todas partes como nuevas obsesiones. Las canciones se vertebran con esa ironía mordaz única y todo está en su sitio. Es sólo que como decía mi primo de Leganés, aparte de sonar bien, las canciones tienen que tener un qué sé yo que no se mide, y de ese “qué sé yo” aquí hay menos. Este disco va a ser un éxito por su precedente, pero no hay que fiarse de eso. Está más alegre que en otras ocasiones, no hay indolencia autocompasiva, éste es un Morrissey nuevo, pletórico, alegre y más seguro de si mismo y no encaja donde siempre. Puede que eso sea todo, porque sigue siendo uno de los reyes.

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