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¿Cómo es posible que esta pandilla de diletantes de Leeds convenciera a Iggy Pop para que fuera el narrador del vídeo de “In Cold Blood”? Sería cabal pensar que está relacionado con su exquisita manera de transformarlo todo en un art-pop inclasificable y rico en matices, pero no: Alt-J se han enfrentado a su tercer largo sin el lastre exclusivista de la juventud que defiende lo suyo como lo único válido. “Relaxer” podría pasar como un disco retro que mira, antes que nada, al amor por la música, tal y como se hacía hace cincuenta años, cuando se intercambiaban ideas antes que intérpretes, y lo importante era encontrar siempre nuevas maneras de escribir canciones y grabarlas. Y todo ello con los mimbres del pop del siglo XXI, tan actual o más que las grabaciones de These New Puritans al día siguiente de publicarse. Por eso el álbum solo tiene ocho canciones; por eso estas apelan a sentimientos universales desde la experiencia particular; por eso las letras plantean un viaje dialéctico que enfrenta sexo y miedo, amor y desamor, y termina con una lógica redención.

No hay que darle más vueltas, “Relaxer” nace con vocación de clásico hasta en su planteamiento, en apariencia sencillo. Además han incluido una versión, casi irreconocible del “House Of The Rising Sun”, original de 1964 de los Animals de Eric Burdon, han grabado los arreglos orquestales en Abbey Road Studios, y una canción como “Hit Me Like That Snare” suena como si se hubiera producido y mezclado en los sesenta, con los instrumentos repartidos de manera desigual en los dos canales. Pero no son un grupo mod o revivalista, y así lo atestiguan sus dos primeros álbumes, llenos de una búsqueda de la nueva canción a través del folk, la psicodelia, y los ritmos matemáticos. Lo que parece es que han aprendido aquella máxima olvidada del rock que decía que hay que aprender del pasado para mirar hacia el futuro. Pero además, la puerta de entrada de este disco ha sido una sucesión binaria de ceros y unos que dan acceso a una web, desarrollada como un juego laberíntico de los noventa, en el que es posible perder el norte entre sus fotos y sus vídeos, todo accesorio, pero en conjunto fundamental para entender a uno de los pocos grupos de la actualidad capaces de aunar beats y melifluo pop contemporáneo con el cuidado por los detalles de los artesanos de la música de las fábricas de himnos de los sesenta.

En “Relaxer” ya no hay ni las intros ni los pasajes inseguros de sus dos primeros discos, no hace falta una excusa ambiental para ponerte en situación para su siguiente canción. Las canciones producen sensaciones y no al revés. Ya sea gracias a las extensas giras, o a las vacaciones del grupo, que muy cabalmente se tomaron antes de empezar a pensar en su tercer álbum; Alt-J han digerido su pasado con un sentido común atemporal, y se han convertido con este disco en un grupo de referencia ideal. Y sobre todo porque no han perdido la oportunidad de que “Relaxer” fuera un álbum capaz de aunar el pop de los últimos diez años con la ilusión de una época perdida.

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