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quentin gas

Atrás queda su brillante carta de presentación en inglés “Big Sur” (16), es hora de tirar de raíces y que el olor a tierra mojada marque el rumbo. “Caravana” cuenta el trayecto que hicieron los gitanos de Oriente a Occidente, la historia de una tribu del norte de la India que emigró recorriendo la antigua Persia y Turquía, separándose en dos, acabando unos en el norte de Europa y otros en Egipto, pasando de allí al norte de África, Tánger y Andalucía. De ahí que este álbum tenga mil colores y huela a cardamomo, jazmín o romero con la misma intensidad. Rock flamenco empapado por la psicodelia que une a Triana con Tame Impala, catorce temas que absorben los instrumentos autóctonos encontrados en el camino para tejer, bajo una tormenta eléctrica de riff, quejios y teclado omnipresente, un universo propio en el que la voz de Quentin serpentea a sus anchas.

El viaje comienza con la instrumental “Punyab”, un sitar que embriaga y una percusión que se extiende a lo largo de cada surco, para desembocar en ese primer desgarro de “Esta noche mando yo, mañana mande quien quiera”, de la explosiva “Caravana”.

De nuevo el teclado manda en “Sultana” y Quentin salta al galope de una batería que marca el pulso, un canto rodante que se balancea y que te pasa por encima sin avisar. “El pedío”, con la genial transición previa de cuerdas y palmas de “Turkia”, “La luz del silencio” y “Luna de oriente”, con su atrayente textura pop, se antojan piedras angulares de un directo afilado y contundente.

Bien arropado por Los Zíngaros (Jorge Mesa a la baquetas, Tera Bada al bajo y coros y Jose Vaquerizo a los teclados, sintetizadores y percusión), la familia de Quentin es otra pieza clave. La guitarra flamenca de su hermano Curro y el cante de su hermana Carmen le dan el empaque definitivo a la obra, sin olvidar a Tony Picante (batería de The Milkyway Express), que comparte peso en la composición y demuestra su maestría con laúd, saz turco o sitar.

De la fiesta de “Lebrija” al calor de la candela, nos vamos de rave en “Mala puñalá”, traca final de psicodelia en la que una nebulosa de sintetizadores nos aspira y levanta del suelo.

La magia de las seis cuerdas de Andrés Herrera (Pájaro) en “Caravana II” y la aparición explosiva de Niño de Elche en la descomunal “Deserto rosso” (una auténtica bomba), rematan una obra que, desde la primera escucha, se posiciona como uno de los lanzamientos más interesantes del año.

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