MondoSonoro Discos

Demasiado tiempo esperando, demasiados meses siendo víctimas de esa sobredosis de sonidos densos etiquetados a la ligera como trip hop. Mientras, al poco de conseguir que “Dummy” se convirtiese en uno de los álbumes más influyentes de la década, Portishead se sumían en el anonimato a la vez que diestros malabaristas del plagio desenvolvían sus habilidades -con los desiguales Morcheeba a la cabeza- ofreciendo carnaza al hambriento. La cuestión es que, tras una espera casi eterna, Beth Gibbons y Geoff Barrow vuelven al mundo de los vivos con una grabación sin titular.

Once composiciones oscuras, reptantes como nunca y sobradas en ese preciosismo minimalista que les hizo célebres. Portishead, como primero Tricky y Massive Attack después, han optado por tornarse más difíciles de lo habitual, menos accesibles, por huir de esa comercialidad que les hubiese podido acercar a un público mayor. Y eso, en resumen, es lo más loable del asunto. El que conservando parte -sólo parte- de lo expuesto en su primer y magno álbum de debut hayan sido capaces de mantenerse firmes en sus principios. Esa es la diferencia entre quienes sencillamente creen en su música y los que no dejan de regirse por las normas del mercado.

Aunque quizás eso no sea suficiente, suficiente para acortar la espera, suficiente para justificar que incluso alguno de sus alumnos haya sido capaz de tomarles la delantera o sencillamente para evitar que uno -aún disfrutando sin recelos de cortes como tan apasionantes como “Undenied” o ese popular “Cowboys”- deje atrás la sensación de que Portishead podrían haber sido capaces de conseguir dar un buen corte de mangas a sus competidores. Podrían.

MÁS SOBRE PORTISHEAD

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies