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Tercera tentativa de dar con la compilación definitiva de la obra de Paul McCartney en sus etapas post-Beatles. La idea esta vez es que el propio Paul confecciona una playlist con temas que se inician en su casero “McCartney” y llegan hasta el reciente “New”. De las diferentes versiones que se han puesto a la venta, la más apetecible, sobre todo en su formato físico, es la extensa edición de cuatro compactos, generosa a la hora de ahondar en algunos de los temas habitualmente menos reivindicados. Por supuesto, no faltan los indispensables: “Maybe I’m Amazed”, “Band On The Run”, “Jet” o “Live And Let Die”, etcétera, pero entre los sesenta y siete cortes encontramos joyas ocultas de la obra mccartniana, como ese “Winedark Open Sea” del poco reivindicado “Off the Ground”, o las más que salvables “Press” y “Good Times Coming/Feel The Sun” del por lo demás posiblemente peor disco de Paul en solitario, “Press To Play”. Otras curiosidades son la inclusión del reciente single “Hope For The Future” de la banda sonora del videojuego “Destiny” y el guiño a los seguidores de sus aventuras junto a Youth en The Fireman, de quien se incluye “Sing The Changes”.

Sorprende el largo repaso que adquiere “Flaming Pie”, uno de sus mejores discos de los noventa, aquí revisitado hasta en ocho ocasiones, por encima de algunas de sus obras más icónicas, como “Band On The Run” o “Ram”, ambas con cinco representantes. Por contra, se omite de forma injusta el recuerdo a algunos de sus mejores trabajos en solitario, como el ochentero “Flowers In The Dirt” (duelen las ausencias de “My Brave Face” o “This One”) o el también destacable “Driving Rain” del 2001.

“Pure McCartney” llega quince años después del también ambicioso “Wingspan: Hits And History”, con el que comparte muchos menos temas de lo que podría pensarse a priori. Además, es el primero en recoger temas de su etapa post-1984 (curiosamente “Wingspan” omitía toda su producción posterior a “No More Lonely Nights”); nada menos que treinta años en los que McCartney ha ido dando también muestras de su inagotable talento. Por ello, el cuádruple disco es una perfecta reivindicación del que siempre fue el mayor genio del cuarteto de Liverpool, a pesar de su falta de carisma -Lennon y Harrison siempre fueron mucho más cool que él, una espina que Macca siempre ha tratado de quitarse de encima sin lograrlo. El hecho que con sesenta y siete temas, todos ellos bienvenidos, todavía suframos de grandes y dolorosas ausencias como las apuntadas u otras como “So Bad”, “C Moon”, “Bluebird”, “Take It Away”, “Hope Of Deliverance” o “Wild Life” no es sino una muestra de lo mucho que puede dar de sí la extensa obra del de Liverpool.

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