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A diferencia de otros compañeros de generación, Can junto a Kraftwerk no necesitaron reivindicación alguna para ser considerados en el mundo anglosajón como unos de los grandes innovadores de la década de los setenta. Es por eso que desde principios de la década de los 90 -antes incluso que se comenzaran a desenterrar los tesoros del krautrock por su influencia sobre Stereolab, Portishead o las bandas del post-rock- Mute recuperó para el formato digital toda su discografía en sucesivas reediciones en CD. Aunque hilando fino tal vez no podríamos hablar con total propiedad de “toda la discografía” porque “Out Of Reach”, su décimo y antepenúltimo álbum, ha tenido a lo largo de los años un tratamiento acorde a su escasa relevancia, y en consecuencia ha sido durante mucho tiempo el disco “perdido” de Can, el único que no gozaba de edición remasterizada dentro de la colección Grey Area de Mute. Una situación que se viene a reparar ahora, cuando paralelamente se reedita la discografía al completo en vinilo.

Desde luego hay motivos para señalar a “Out Of Reach” como el disco maldito de la banda de Colonia, empezando por el hecho de que es el único de sus trabajos en el que no está presente uno de los de los cuatro componentes. En un momento de crisis artística el bajista Holger Czukay abandonaría la formación antes de entrar a grabar, aunque volvería al redil para registrar todavía dos discos más: los tampoco excesivamente relevantes “Can” (1979) y su innecesario retorno en 1989, “Rite Time”.

Pero volviendo a “Out Of Reach”, nos encontramos aquí a una banda cuesta abajo desde hacía prácticamente un lustro, cada vez más centrada en las posibilidades de esa suerte de rock progresivo de aires étnicos. El propio Jaki Liebezeit cede el protagonismo en esta grabación al ex Traffic Rebop Kwaku Baah, con lo que en esencia el sonido característico de Can termina aquí reduciéndose a los duetos de teclado y guitarra entre Karoli y Schmidt. Y la baja de Czukay la suple Rosko Gee, con una pulsión plenamente jazzística. Entre ambos se encargan también de la tarea vocal, lo que a la postre se convierte en la principal tara -“Give Me No Roses”, “Pauper’s Daughter An I” que viene a ser como unos Rolling Stones tontorrones- de un trabajo que cuenta con momentos apreciables en forma de cabalgadas instrumentales: “November”, la muy característica “Seven Days Awake” o la apertura del disco con “Serpentine”-.

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