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Llega el momento de la verdad para Muse. Llega el momento de saber si la hipertrófica energía derrochada en “Showbiz” pertenecía a una banda a la que tener realmente en cuenta o a otro espejismo británico. Para empezar -y sin que esto suene a ofensa a priori- Muse son lo que Radiohead habrían sido de no haber caído del caballo. Digo que esta comparación no es negativa a priori por una razón muy sencilla: Radiohead están ahora mismo a años luz, no sólo de Muse, sino del noventa por ciento de las bandas actuales. La voz de Matt Bellamy sigue pareciéndose en ocasiones demasiado a la de Thom Yorke (ya no tanto a Buckley) y sus argumentos siguen siendo baladas épicas con tics sinfónico/hard rockeros. ¿Cómo es que, sin embargo, siguen gustándonos? Quizás sean los pianos vertiginosos (“Show Bizz” ya comenzaba con la línea de piano en espiral de “Sunburn”), quizás la sensación de que el ímpetu creador de Bellamy es desbordante e inusual, pero la impostación, la exageración y el exceso, adjetivos peyorativos la mayoría de las veces, adquieren aquí categoría de mal menor. Tan verdad es que Bellamy puede ocultar un verdadero talento como que la pirotecnia no le hace ningún bien. Muse corren el peligro de morir ahogados por su propio envoltorio.

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