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La grabación del tercer disco de Oasis coincidió con el momento de mayor popularidad e impacto mediático de la banda, después de que ésta conquistase el mundo con los irresistibles encantos de “Definitely Maybe” (Epic, 94) y “(What’s The Story) Morning Glory?” (Epic, 95). Un encuadre circunstancial que terminaría por marcar, profunda e irremediablemente, el talante del álbum. El endiosamiento del quinteto, su intachable bagaje hasta el momento, y su afición compulsiva a la cocaína, hicieron de “Be Here Now” (Big Brother, 97) un disco en el que la grandilocuencia supuraba por todos y cada uno de los poros.

Los mancunianos reaparecían así más épicos y convencidos de su enormidad mesiánica que nunca, y completaron un álbum de más de setenta minutos, con canciones extensas y tocadas por una producción ostentosa (a cargo de Owen Morris y el propio Noel Gallagher) que apostaba por la inclusión indiscriminada de arreglos de orquesta y un sinfín de adornos apostillando las composiciones. La referencia destilaba la arrogancia en la que vivían inmersos sus artífices, desde la propia apariencia de las canciones hasta las mismas letras (“The future is mine and it’s no disgrace” / “Cause baby after all, You’ll never forget my name” / “My big mouth, my big name, into my big mouth, you can fly a plane”).

Estas circunstancias hicieron que, aunque convertido en inmediato éxito de ventas, la obra no fuese del todo bien recibida en un Reino Unido tomado por esa euforia juvenil heredada de los años dorados del Britpop. La escena reclamaba entones mayor celeridad y concreción, en lugar de ese virtuosismo mastodóntico por el que Noel Gallagher había apostado. Sin embargo, “Be Here Now” (Big Brother, 97) es uno de los grandes discos de Oasis, y posiblemente el último en el que Liam Gallagher cantó con absoluta convicción, derrochando esa chulería inconfundible e impactante que lo convirtieron en uno de los mejores frontman de los 90. Puede que el elepé no esté a la altura de sus dos predecesores -ni del recopilatorio de caras B “The Masterplan” (Sony, 98)-, pero sin duda es una obra clave a la hora de entender la carrera de los británicos, y el nivel de las composiciones continúa estando muy por encima de la media.

Además, todo ese empeño y cúmulo de excesos (sonoros y personales) que el grupo puso en el álbum motivaron que éste fuese un trabajo claramente diferenciable con respecto a las dos primeras entregas de Oasis, en el que además se incluían canciones realmente destacadas. A los singles “D’You Know What I Mean?” (curiosamente de las más prescindibles del lote), “Stand By Me”, “All Around The World” y “Don’t Go Away” hay que sumar piezas tan brillantes como “My Big Mouth”, “It’s Gettin’ Better (Man!!)”, “Magic Pie” o “Fade In-Out”. El paso del tiempo ha suavizado de manera genérica las críticas con respecto al tercer trabajo de estudio de la formación, situándolo en un lugar más merecido y acorde con sus méritos. Y es que, durante demasiado tiempo, éste ha sido un disco a todas luces infravalorado e injustamente menospreciado.

La presente reedición se concreta en un triple compacto que incluye el álbum original remasterizado, pero también un nuevo (y completísimo) artwork y dos cedés cargados de material extra. El primero de ellos aúna caras B de los sencillos de la época, con destacadas como “Stay Young”, “(I Got) The Fever” o “Flashbax” (se echa en falta la versión del “Street Fighting Man” de The Rolling Stones), además de un puñado de demos y tomas en directo (incluyendo la versión del “Help!” de The Beatles), y una revisión por parte del mismo Noel del “D’You Know What I Mean?”, ejecutada para la ocasión. El último compacto se reserva en exclusiva para las famosas “Mustique Demos”, en las que se pueden degustar las canciones con un aspecto cercano al definitivo, grabadas en El Caribe en 1996 con la voz de Noel y tal y como él mismo las ideó antes de pasar definitivamente por el estudio. Un producto ciertamente recomendable e interesante para cualquier seguidor del grupo de Manchester, que además reivindica con argumentos convincentes la valía y calidad del disco dos décadas después. Y de paso, el realismo y la autenticidad de la última gran banda de Rock & Roll británica de antes de la era de Internet.

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