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Si aplicamos esa trascendencia que se le suele otorgar al ya icónico papel que supone la publicación de un segundo disco para una banda al caso concreto de Mamagigi’s, la conclusión es sin lugar a duda de lo más positiva. Y es que si el cuarteto vizcaíno -ya sea con su anterior trabajo largo Black Roses como con sus actuaciones en vivo- había logrado lo más difícil, manifestar una clara y adictiva personalidad, ahora con este segundo álbum logra el paso complementario: mantener dicho perfil propulsándolo hacia nuevas expresiones. Una situación que se materializa en el notable endurecimiento de lo que son sus ya reconocibles ademanes de folk-country-rock bajo un ambiente de western crepuscular. Psychobear, el título escogido, nos pone en aviso, vienen con las fauces bien afiladas.

De nuevo haciendo de los estudios Gaua el entorno propicio para la grabación, sus composiciones más recientes, y hay que decirlo desde un primer momento porque es decisivo en su resolución definitiva, apuestan principalmente por aumentar la presencia de las guitarras eléctricas, y no solo eso, sino de hacerlas vibrar con una extremada fuerza, en ocasiones hasta con violencia. Encaminadas bajo ese rotundo paso que otros brillantes contemporáneos como The Reverend Horton Heat o Mike Ness también han aplicado al tradicionalismo campero, la apuesta conlleva como complemento a dicha ecuación, o así por lo menos se vislumbra aquí, una variedad más palpable en la ejecución de géneros y/o influencias.

Precisamente centrándonos en esos aspectos relacionados con el empuje que adquieren las seis cuerdas, un tema como “Orkos Mc” es uno de los ejemplos más representativos, ya que el cabeceo metalero al que induce es señal de su tribal y musculosa esencia. No menos llamativo resulta el jugo que sacan en “Don’t Take My Rock”, donde no se arredran a la hora de mezclar con desparpajo el swing con el rockabilly. Pero los más significativos, dada su considerable presencia en número, serán unos arranques a los que podríamos catalogar como punks, que además les emparentan con sus compatriotas Dead Bronco, y que incluyen desde la contenida pero vertiginosa en cuanto a su base rítmica “Make It Slow”, la más sólida “Not the Way”, o el in crescendo de “Intro”, que se inicia como profundo blues-country para desembocar en una desgañitada pieza. Unas fieras guitarras que no se van a detener tampoco ante manifestaciones como la de “Psychobear”, insertándose en un contexto mucho más americano, con esa sobriedad emanada de la mística de Johnny Cash.

A pesar de esa evidente coraza eléctrica, nunca apartada del todo, que el álbum exhibe, siguen quedando retazos de matices que ya hemos visto en la -de momento escasa- discografía del conjunto. Entre ellos nos podremos encontrar con ese tono festivo-juerguista de “Dirty Party”, que podría ser la banda sonora idónea para algún baile organizado en el granero de cualquier localidad de los Estados Unidos profundos, o la lúgubre y vigorosa épica de “Jackson Vol 1”, sacando así a relucir esas influencias rebuscadas en latitudes más clásicas.

Aunque suene a frase hecha y carente de cualquier verosimilitud, es del todo acertado decir que Psychobear supone un cambio radical en Mamagigi’s para que en verdad todo siga sustancialmente igual. Ahí probablemente esté el gran mérito de este segundo trabajo, no desprender la sensación de abordar un bandazo estilístico sin mayor sentido que el mero hecho de darlo sino circunscribirlo a una personalidad ya establecida. De paso, el grupo consigue con ello colocarse en una situación privilegiada en la que ya hay que definir sin ambages como una rica escena vasca de raíces, y en tal contexto decir eso es mucho.

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