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Lil Yachty

Hace tan sólo dos años, y con la edad de dieciocho, McCollum empezó a ser llamado Yachty a la vez que abandonaba su ciudad natal Georgia —AKA la ciudad del trap— por Nueva York. Tenía claro el destino de su viaje: ser una estrella. Para ello, debía entender parte de la industria, el medio y la excitable lógica de las corrientes mainstream.

Tras dos mixtapes y una nominación a los Grammy a la mejor colaboración, este mes, Yachty ha lanzado “Teenage Emotions” cumpliendo paso a paso su plan: que todas las miradas se dirigiesen hacia él. El motivo es aparentemente sencillo: ha tomado la herencia de Yung Lean y la ha cortado con las influencias de Lil B, Chief Keef o Soulja entre otros, logrando un artefacto pop que él mismo denomina bubblegum trap. Si a esto le sumamos su ignorancia reconocida respecto al catálogo tradicional del rap y el dominio de la comunicación milenial, entendemos que cada movimiento realizado está cargado con pólvora de marketing. Así tan pronto es un rapero que no rapea, un mero alborotador, como un reformista provocador capaz de transformar las ideas y el sonido de un género.

Efectivamente, el título del disco no es azaroso. Canciones como la ochentera “Bring It Back”, otras más poperas como “Like a Star” o “Forever Young” con Diplo, e incluso con cierto toque reggae traído de la mano de Stefflon Don en “Better”, nos sumergen en un universo aparentemente inocente y teen aunque un poco falto de la gravedad que le es propia. Sin embargo, el carácter adolescente queda grabado a través de un contenido lírico que ocasionalmente se expresa en vulgares llamadas de atención. ¿Por qué si no habría irónicos guiños a Destiny Child, misoginia rebosante en canciones como “DN Freestyle”, a la vez que portadas inclusivas donde la obesidad, la homosexualidad, el vitíligo, la multiculturalidad y el punk se dan cita? Una de dos, o el rapero es un monstruo del comercio empeñado en llegar a todas las audiencias, o es un chaval de su tiempo que, a veces, quiere llamar la atención imitando a sus mayores y mete la pata hasta el fondo.

De hecho —y a pesar de rapear con muchísima naturalidad en la frecuencia 90s como demostró en el programa de Ebro Darden— el disco podría haber sido redondo si hubiesen quedado fuera canciones como “X Men” o “Made Of Glass”, pues cortan la circulación de ese bubblegum trap a la vez que rinden pleitesía a una tradición que lo rechaza. En “Priorities” dice: “I’ma do whatever I want”. Y bien podría haberse escuchado a sí mismo, ya que estaríamos ante un trabajo sencillo y coherente que sentaría de manera más clara las bases de un nuevo concepto.

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Discos 19 junio, 2017 LIL YACHTY

Teenage Emotions

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