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A veces es necesario revolucionarse a uno mismo para revolucionar a los demás. Jacobo Serra nació como compositor hace muchos años, lleva más de la mitad de su vida haciendo canciones, pero siempre dentro de un molde, de un corsé autoimpuesto, en un ejercicio de estilo en sesión continua que le colocó casi desde su origen el sambenito de “beatle manchego”. Pero se aburrió (normal, ese sobrenombre no tiene muy buena pinta). Sobre todo, tras ver a más de 15.000 personas cantar a viva voz las canciones de Vetusta Morla en el Palacio de los Deportes madrileño: la gente sentía, entendía lo que cantaba, se emocionaba.

Él buscó lo mismo hace un año, cuando compuso, con producción de Juanma Latorre (uno de los dos principales compositores de la banda tricantina Icebergs), su primera canción en castellano tras dos primeros trabajos en inglés que, además, mantenían un respeto absoluto por el sonido de The Beatles, ese de ‘canción pop’ redonda, de armonías bonitas y melodías preciosistas. Como diría Gerard Piqué, “Icebergs: contigo empezó todo”. A tal punto que “Fuego artificial” (Warner Music, 17) estalla por los cuatro costados: no sólo a la hora de edificar letras en castellano que se debaten entre lo trascendental, la búsqueda (y la caza) de la belleza y la filosofía de la vida moderna; sino también a la hora de construir un sonido que patea el tablero a otras dimensiones, el de una canción repleta de detalles, inyecciones de música programada y una atmósfera más deudora del “Everyday Robots” de Damon Albarn, el “This is All Yours” de alt-J o el “After the Disco” de Broken Bells que de la icónica discografía de los fab four.

De ahí que nos encontremos con canciones que coquetean con el sonido de Radiohead (“En tu volcán”, “Mientras estés ahí” o “Fuego artificial”), con el de Iván Ferreiro (“Deshielo”), con el de los propios Vetusta Morla (“La brecha” comparte genética rítmica con “La deriva”); pero también abre melones que lo acercan al reggae-pop (“Nada es perfecto”), al soul & roll de Tom Petty o Leiva (“4 a.m.”) o a la canción protesta alternativa (“El imperio” o “El activista”). El primer día del resto de la vida de Jacobo Serra se escribe con pólvora en un lienzo llamado canción.

 

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