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Todo lo que predije se ha hecho realidad” dice C. Tangana en Tiempo, el primer tema de Ídolo. Una frase que bien podría ser el leitmotiv de todo el disco. Más que un punto de partida, Ídolo supone la culminación de una carrera de fondo que ha llevado a Antón Álvarez desde el underground del rap madrileño hasta las listas de éxito latinas de Spotify. Una espectacular estrategia de marketing viral que lleva años gestándose y que ha terminado por materializarse, primero, en un contrato con una major (Sony) y, segundo, en una gigantesca lona en la Gran Vía capitalina con el susodicho emperifollado con prendas de Loewe y gatos esfinge.

Un vertiginoso ascenso que ha situado a este joven de 25 años en el centro de todas las miradas. No en vano, conviene recordar que Ídolo no es, ni mucho menos, el debut discográfico de C.Tangana. El sensacional LOVE’S ya apareció en la lista de los mejores del año para esta revista allá por 2012 y sus consecuentes mixtapes y video-singles, en solitario o como parte del colectivo Agorazein, vienen generando acalorados debates entre puristas y heterodoxos desde hace tiempo. Con una legión tan amplia de detractores como de incondicionales, las opiniones a favor o en contra de Ídolo parecían estar ya escritas de antemano.

Bien es cierto que las expectativas estaban altas. El éxito sin precedentes de Mala Mujer (ese reggaetón tan arquetípico como sofisticado, tan vulgar como adictivo) había hecho presagiar un álbum bien distinto. Ídolo no es el disco accesible que muchos esperaban. Sorprende además el hecho de que se presente exclusivamente en formato digital, como si estuviera concebido para ser escuchada en modo aleatorio. De los 12 cortes del disco, siete han visto a la luz previamente a su lanzamiento (cuatro de ellos, eso sí, apenas días antes de su publicación). Seguramente por eso repite el mantra de que se trata más de la trastienda del “ídolo” que de su esperada puesta de largo, “la parte de atrás.

La falta de hits evidentes hacen que difícilmente podamos catalogarlo como un álbum de pop al uso. Al contrario; C. Tangana ha fracturado un trabajo de rap contemporáneo que esconde algunos de los momentos más interesantes de su trayectoria. Cincelado por los ritmos de un auténtico alquimista como es Alizzz y colaboraciones puntuales con nuevos valores de la escena nacional como livinglargeinvenus, Horror Vacui o Danni Ble e incluso nombres ya consagrados como El Guincho; la producción es una auténtica gozada. Utilizando recursos estilísticos que van del glitch-pop al vaporwave, Ídolo hace acopio de una consistencia y uniformidad técnica que nada tiene que envidiar ya a sus referentes internacionales.

En un sentido estrictamente lírico, maneja conceptos que van más allá de la vacuidad arrogante tan intrínseca al género. En Inditex se presenta como un producto y trata al oyente como un cliente, cuestionando la hipocresía de la sociedad de consumo que canibaliza aquello de lo que en principio reniega. De pie sube el listón incidiendo en un ritmo caribeño (dembow y dancehall presentes) para hablarnos de orgullo y desamor, otro de sus temas recurrentes. En No te pegas (primer single del disco) retoma el pulso del beef tirando de autorreferencialidad para disparar a los correligionarios que se le han quedado atrás: “os he vuelto a meter en el el underground” (¿balas para Pimp Flaco y Kinder Malo?). El “más blando del rollo” se ha convertido al fin en el rey midas que tanto ansiaba, y sin embargo el tono sombrío, casi melancólico, se impone conforme avanza el minutaje. En Intoxicao asegura “todo lo que tengo dentro bueno, podría matarme por dinero”. En Caballo Ganador es aún más explícito: “le sabe amargo cuando muerde el oro”. ¿Quizás no era esto lo que realmente quería?

C. Tangana siempre ha tenido la habilidad de convertir sus pensamientos y ansiedades en sesiones de terapia grupal. Cuando confesó sus temores (“Sólo pienso con quién estarás”) nos volvimos un poco más intrépidos. Y cuando convirtió sus males en himnos, todos nos vinimos arriba (“Yo no quiero hacer lo correcto”). Pero en Ídolo la catarsis colectiva desaparece casi por completo de la ecuación. Ahora quiere hablarnos de sí mismo y contarnos como se siente. Así, el tramo final del disco (Otro hombre, Pa Que Brille, Pop Ur Pussy) se convierte en un discurso deliberadamente confesional en el que, ya sin ambigüedades, se esfuerza por llegar a lo profundo de su psique en busca de revelaciones que le aclaren cómo ha llegado hasta aquí.

Así, que no. Pese a las cadencias latinas, C.Tangana no se ha convertido en J Balvin. Olvidémonos. Tampoco se trata de su álbum de confirmación (sus capacidades estaban ya de sobra probadas desde 10/15). Más bien estamos ante su Rubicón personal; el paso definitivo con el que pasa a jugar en una nueva liga sin traicionarse a sí mismo. Más que un vellocino de oro, Ídolo es un caballo de Troya; el artilugio con el que toda una escena se va a colar en la corriente principal de la música en nuestro país. Su particular “asalto al cielo” es ya un hecho consumado. Este es su momento, y se lo ha ganado con creces.

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