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Acaba por resultar de lo más curioso que los mejores discos de los hermanos Felice se estén desarrollando fuera de la banda que los dio a conocer, es decir, The Felice Brothers. Si hace unos años el mayor de los vástagos Simone Felice abandonaba su protagonismo como batería del grupo que había creado junto a sus hermanos para entregarnos dos excelentes discos de melodías exuberantes, esta vez le ha tocado el turno a Ian, su hermano mediano, que al margen de la banda, pero ayudado por ella, ha perpetrado el disco más emocionante, sincero y bello que he escuchado últimamente. Un álbum que vuelve a situar la música de los hermanos Felice en el casillero de salida, recordándonos que antes de que se lanzaran a experimentar con diferentes y ampulosas texturas en discos como “Celebration Florida” o “Favorite Waitress”, los Felice eran los mejores garantes que tenía su país para mantener viva la llama del verdadero sonido de América.

Ian Felice se deja ayudar por su hermano Simone quien, además de regresar a la batería, ejerce de productor del álbum y lo dota de una sonoridad pura en la que el extraño y personal gracejo de la voz de su hermano Ian es la protagonista. Y no es mera casualidad que así sea, porque uno de los principales activos del disco son las poderosas imágenes que transmiten los versos de su autor. Canciones emocionantes como esa “In The Kingdom Of Dreams” que da título al disco, abriéndolo de forma rotunda con una sonoridad muy minimalista basada en el pellizcado de las cuerdas de nylon y un sintetizador en manos de James, el tercero y el menor de los hermanos. Tras ella llega una de las canciones más emocionantes que he escuchado en los últimos meses junto al “If We Were Vampires” de Jason Isbell . “Will I Ever Reach Laredo” es uno de esos temas dotado de una tristeza sobrecogedora que te deja una huella profunda que además logra ser rematada con el siguiente tema del lote titulado “21st Century”. Una continuidad formal que dota al disco de una extraña sensación de unidad que sin duda juega a favor de una escucha sosegada en la que no cabe el histrionismo y todo se desarrolla en los cauces de una lento pero caudaloso río de creatividad. Solo hay que dejarse llevar por el maravilloso piano de la dulce “Sings Of Spring” para ver lo mucho que Ian ha puesto de sí mismo y de sus recuerdos de niñez en este disco donde la palabra autor cobra su máximo significado. Ecos al Neil Young acústico, a Bob Dylan por supuesto, pero también a todos esos autores que, como Conor Oberts, quisieron y lograron dejar un pedazo de sus vidas plasmados es forma de disco. Radiografías sinceras como la que nos lanza en “Water Street” en la que con tan solo el sonido de su guitarra nos recuerda que acaba de ser padre en unos bellos versos que conmueven y te dejan con ganas de más. Por eso cuando llega el tristísimo broche de la lenta, casi catatónica, “In The Final Reckoning” no te cabe la menor de las dudas. Le das de nuevo al botón del play y te vuelves a embarcar en este emocionante viaje por los recuerdos de un músico que le da verdadera brillantez a su oficio.

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Discos 28 agosto, 2017 IAN FELICE

In The Kingdom Of Dreams

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