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Por el tiempo -seis largos años- que se ha tomado para publicar su segundo álbum cualquiera diría que Ross Birchard es un tipo de producción lenta. Nada más lejos de la realidad. En ese tiempo a uno de los últimos héroes que la ilustre ciudad de Glasgow ha aportado a la música popular le ha dado tiempo a grabar temas sueltos bajo su alias de siempre, Hudson Mohawke, partir la pana junto a Lunice como TNGHT, producir canciones para Kanye West o Drake y grabar con Antony, Oneohtrix Point Never, Yannis Philippaki (el líder de Foals), Tiga o Boys Noize discos que todavía están pendientes de publicación. Una locura tanto por lo que supone para la agenda de un músico como por la heterogeneidad de los desafíos a los que se ha enfrentado de hace dos años para acá, cuando todo ha empezado a coger velocidad y Birchard se ha convertido en fijo del puente aéreo Londres-Nueva York.

De alguna manera “Lantern” recoge esa esquizofrenia creativa convirtiéndose en un paseo por el universo sonoro por el que transita Hudson Hohawke desde su adolescencia. Inevitablemente las colaboraciones de Antony y Miguel, situadas en el ecuador del disco, se convierten en eje gravitatorio del mismo. En ambos casos Birchard demuestra su descomunal capacidad para adaptarse al universo del intérprete y les regala los dos temas más apegados al concepto canción de todo el disco: solemne el “Indian Steps” de Antony con una futurista versión del r’n’b en el caso del “Deepspace” que canta Miguel.

Pero el viaje que plantea “Lantern” cuenta con muchas más paradas: aproximaciones al trap, excursiones instrumentales por el sonido Warp clásico de la escuela Plaid, amagos de bandas sonoras y, por supuesto, mucho soul. De hecho tal vez la decisión más discutible de todo el disco sea el exagerado apropiacionismo de “Ryders”, construido a partir de un sample del clásico “Watch Out For The Riders” de D.J. Rogers que más bien parece un remix del tema original. En el otro lado, el de los logros, piezas que tal vez pasen inadvertidas entre el glamour de aquellos y de otros cameos (Irfane, Ruckazoid, Jhené Aiko) son la prueba palpable de su magisterio a los mandos del FL Studio y de una imaginación desbordante: me refiero a los tripis por el espacio exterior en que se convierten “Scud Books”, “Shadows” o “Portrait Of Luci”.

“Lantern” muestra también el camino a un Hudson Mohawke al que el concepto de productor doméstico aferrado a su laptop definitivamente se le queda pequeño. En la entrevista que mantuvimos con él hace unas semanas abiertamente reconocía la necesidad de afrontar nuevos desafíos en directo de la mano de una banda y que el futuro pasaba, efectivamente, por trasladar al estudio todo lo que ha absorbido de la música negra desde que era un crío, del funk y el soul clásicos al rap y el r’n’b contemporáneos. Por eso este segundo largo de Hudson Mohawke se convierte en la fotografía de un momento clave para uno de los creadores más talentosos que ha dado la música electrónica en la última década.

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