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Si dentro de veinte años, Soul Jazz Records continúa editando recopilatorios con retratos exhaustivos a épocas o movimientos culturales, seguro que podrá hacer parada en el periodo que nos ocupa ahora con la música negra, en el que el hip-hop, el soul y el jazz conviven con absoluta naturalidad, con músicos como Kamasi Washington o Thundercat a la cabeza, miembros del colectivo West Coast Get Down.

Porque Washington o Thundercat comparten filosofía y mucho más con artistas clásicos ya e indispensables como Yusef Lateef, The Last Poets, Pharoah Sanders o Roy Ayers, todos ellos músicos revolucionarios y desacomplejados. Por eso no es de extrañar que, en el caso de Washington, su nombre aparezca ya en las listas de los saxofonistas contemporáneos más influyentes. Quizás la industria tenga algo de caprichosa, pero que el destino le colocase junto a Kendrick Lamar no es más que la demostración de que la justicia existe en el mundo de la música. El jazz nació como algo popular y con el paso de los años se convirtió en alimento para intelectuales y gente que se movía en la vanguardía, pero las cosas parecen estar cambiando y la popularidad de Washington, el que Robert Glasper sea abanderado de Blue Note y que Christian Scott y Trombone Shorty, cada uno a su manera, sean los mejores representantes actuales del sonido Nueva Orleans no hace sino subrayarlo. Por eso tampoco sorprende que Young Turks, hogar de The xx o John Talabot, haya fichado a nuestro protagonista, rompiendo todavía más las reglas.

En 2015, con el mastodóntico “The Epic” trasformó el espíritu del jazz actual, conectado a partir de coros profundos de dimensión mística, paisajes cósmicos diseñados por un visionario llegando al patrón de un Sonny Rollins libre a quien en la época de Impulse! le daba igual ocho que ochenta. Ahora al creador angelino le toca medir un poco más y no pasarse de la raya. Un EP de media hora y seis canciones, y que menos una, no pasan de los cuatro minutos de duración, es una buena medida. Más concreto y aparentemente sereno, se aleja del riesgo apostando por algo de esencia conservadora. En “Desire” nos encontramos con esos fraseos rápidos marca de la casa; en “Perspective” se alinea con calidez latina de Gato Barbieri, y en general hay más piezas con la inmediatez de aquel Lee Morgan de “Sidewinder”, otro músico ya fallecido que se pudo de nuevo de moda gracias al documental “I Call Him Morgan”. Sin embargo, en “Truth” si se va hasta los catorce minutos, y ahí lo junta todo otro vez; jazz épico, coros souleros, la improvisación propia del hip-hop y un momento en que su música te dirige hacia dos lugares, a las calles de Filadelfia inmortalizadas por Rocky Balboa (al escucharlo, el nexo es evidente) y a la sala en la que se celebró el juicio a O.J. Simpson que puso contra las cuerdas a toda la sociedad norteamericana.

 

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