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Un artista es un artista, que decía el filósofo. Pero a diferencia, por ejemplo, de los pintores que, una vez conseguido el estatus de genio, cualquier obra suya se considera excelente, un músico debe demostrarlo en cada disco. David Byrne se encuentra en un punto de su carrera que su única preocupación es hacer la música con la cual se sienta bien, sin sopesar si es comercial, artística o si será aceptada por la critica.

Así que “Grown Backwards” nace de ese momento. Catorce canciones cercanas al pop (o mejor dicho pop-art) arropadas en su mayoría por el cuarteto de cuerda tejano The Tosca Strings (¿recordáis a Elvis Costello con The Brodsky Quartet en “The Juliet Letters”?). Aquí el escocés errante se atreve con “La Traviata” de Verdi, con un fragmento de “Les Pêcheurs de Perles” de Bizet, donde hace un brillante dúo con el canadiense Rufus Wainwright cantando en francés, o con una creíble versión de “The Man Who Lover Beer” de Lambchop. Arreglos complejos pero melodías pegadizas y lo más importante, que suenan a Byrne, esa es su grandeza. En el resto, de todo, como si de un repaso a su carrera se tratara. Tienes funk en “Dialog Box”, aires de bossa en “Tiny Apocalypse” y un sobresaliente “Lazy” en el bonus track que recuerda a Talking Heads mezclando electrónica y cuerdas. Aunque crezca al revés, aquí tenemos al mejor Byrne de los últimos tiempos.

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