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A estas alturas de la jugada, la mayor parte de quienes lean esta reseña tendrán ya muy claro que “Art Angels”, cuarto disco de Grimes, supone la apuesta arriesgadísima por parte de Claire Boucher de lanzarse a los brazos del pop de sonido comercial. Boucher iba soltando pistas desde que dejó “Visions” atrás, algunas provocaron excitación entre sus seguidores, otras la llevaron a ser criticada con injustificado desprecio. Ahora, cuando “Art Angels” ha sonado ya doscientos millones de veces en mi reproductor, no me cabe duda de que Grimes merece ser recibida con los brazos abiertos en el Olimpo de las divas pop. ¿Sencillamente por haber hecho un disco de pop accesible, fresco y adictivo? No, no sólo por eso, sino porque ella es la única responsable -con la ayuda puntual de las voces de Janelle Monáe y de la taiwanesa Aristophanes- de uno de los discos de hits más redondos de la temporada. Grimes abandona su cara más arty (a excepción de esos tres personajes que se esconden tras el repertorio del disco) y su sonido habitual (representado quizás por el inicio con “Laughing And Not Being Normal”) para firmar un “Art Angels” que bien podría haber vendido a cachos a Madonna, Charli XCX, Carly Rae Jepsen, Rihanna y a quién narices le apeteciese. Porque la canadiense está inspiradísima a lo largo de la mayor parte del minutaje, que se resiente únicamente con alguna balada, ese mal que sufren sobre todo los álbumes de aires mainstream y que, por tanto y conceptualmente, también debía afectar a este “Art Angels”.

Aunque su sello discográfico destaca que Grimes toca más instrumentos reales que nunca (piano, guitarra, violín y no sé qué más), lo cierto es que tanto da, porque lo que menos importa en “Art Angels” es la Grimes instrumentista (de hecho, lo más probable es que, en concierto, siga dándole al play). El valor de este repertorio no está en su complejidad, ni mucho menos en su ejecución, sino en el hecho de que haya sido la propia Grimes la que ha escrito e interpretado sin ayuda externa este arsenal de canciones. En que Boucher se haya comido y guisado toda la producción del conjunto, fresca y ajustada a cada uno de los temas con una sabiduría que quizás no habíamos intuido lo suficiente en su creadora. Y es que un mismo disco en el que convivan canciones del potencial de “SCREAM”, “Flesh Without Blood”, “Kill V. Maim”, “Venus Fly” o incluso “Butterfly” no se publica todos los días. Ahora sí ha llegado el momento de amar o de odiar a Grimes y de elegir bando. Supongo que ya sabrán en cuál estoy yo.

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