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A los The Strokes les hemos metido cera con alevosía y nocturnidad y, aunque en muchas ocasiones estaba más que justificada, los de Nueva York siempre podrán defenderse, y reírse en nuestro jeto, con la rotundidad de las canciones de sus dos primeros trabajos: es entonces cuando te dejan sin argumentos. Estamos de acuerdo que desde hace unos años han pegado más palos al aire que un ciego; que se han concentrado más y mejor en sus respectivas carreras en solitario; y que sus puestas en común venían provocadas por la irrenunciable oferta de una gira y no por la necesidad de escribir nuevas canciones. Sin embargo, un atisbo de esperanza se abre con este Ep titulado, con toda la intención del mundo: “Future Present Past”. Bueno, intención y cierta dosis de ironía o si lo prefieren de sentido del humor. Sobre todo porque descubren lo claras que tienen las cosas a la hora de afrontar un sonido tan reconocible como el suyo, y proyectarlo a diferentes estados temporales.

Para representar el pasado nos regalan un “Threat Of Joy” que podría encajar en los primeros pasos de la banda. Y lo curioso es que sea esta la pieza más prescindible del lote. No aporta ni mejora lo ya realizado por el grupo. Lo interesante empieza en realidad con “Oblivius” que vendría a ser el presente del grupo y que los muestra con una frescura chulesca más que interesante. Suena a los Strokes más sofisticados con una lograda linea de guitarra que va apuntalando la canción hasta llegar a la explosión épica del estribillo con un logrado puente a la mitad, previo al chatarrero solo de guitarra. Un buen tema que peca un poco de largo (se va a los 5 minutos de forma innecesaria) y que a buen seguro pasará a engrosar de forma más que digna el set-list de sus conciertos. Además nos regalan una remezcla del mismo, en clave pseudo-dub oscuro, realizada por el batería Fabrizio Moretti que no aporta gran cosa, pero tampoco molesta en absoluto. Y bien, en cuanto al futuro el tema que lo representa se llama “Drag Queen” y, aunque no ofrece un salto temporal digamos brutal y mantenga las coordenadas del grupo, sí que se percibe un intento de hacer algo avanzado, aupándose en un machacón sonido de guitarra sintetizada sobre un marcial ritmo kraut de batería que va creciendo a medida que avanza la canción y estalla en un estribillo final en el que la voz de Julian Casablancas, más filtrada que nunca, nos chilla sobre una trepidante base rítmica. Interesante es lo menos que se puede decir.

No vamos a echar tampoco las campanas al vuelo y caer en la exageración, pero lo cierto es que estos tres temas dejan una sensación de esperanza inédita desde hace tiempo cuando hablamos de los Strokes y nos emplazan, ahora sí, a ver cómo será su próximo paso, lo cual es bastante viniendo de una banda que hace tiempo dejó de impresionarnos tras el puñetazo que nos propinó nada más comenzar.

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