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El año 1994 será recordado como el de la concluyente respuesta británica al Grunge norteamericano, con sus artífices empeñados en recuperar la posición de las Islas como epicentro mundial de la música. Una temporada en la que confluyeron los lanzamientos de “Parklife” (Food, 94) de Blur, “Dog Man Star” (Nude, 94) de Suede y “Definitely Maybe” (Creation, 94) de Oasis, tres bandas que, a la postre, lucirían como pilares imprescindibles de ese movimiento bautizado como Britpop que estallaría definitivamente poco después.

Sin embargo el debut de los mancunianos nunca terminó de encajar entre las habituales peculiaridades de la etiqueta, tras apostar por un sonido sensiblemente más eléctrico, áspero y guitarrero que el de los mencionados competidores. Así Blur optaban por retratar a la sociedad británica con cierta ironía y desde su acomodada posición de clase media-alta, mientras que Suede se decantaban por un dramatismo tremendamente glamuroso, resultando en cualquier caso ambos más elegantes en forma y fondo que los de Manchester. A diferencia de los londinenses, Oasis lucían orgullosos modales de clase obrera, trasladando a su música toda la arrogancia, convicción y chulería del estatus con absoluta credibilidad. Los hermanísimos no iban de macarras. Eran macarras. Inmodestos con la cultura musical del país, las maneras fueron transformadas en logro tras beber sin tapujos del legado de clásicos tradicionales como The Beatles, The Rolling Stones, The Jam o The Who, pero también tirando de referentes igualmente admirados y más recientes como The Stone Roses, Ride o Primal Scream.

Noel Gallagher firmó en solitario la total autoría de la obra, demostrando un excepcional talento compositivo que, más allá de singles convertidos automáticamente en himnos como “Live Forever”, “Supersonic”, “Cigarretes & Alchol” o “Shakermeker”, se confirmaba con el estratosférico nivel de cualquier otro corte del disco aguantando o incluso superando el nivel, caso de “Rock ‘n’ Roll Star”, “Up In The Sky”, “Columbia”, “Bring It On Down” o la semi-acústica “Married With Children” que cerraba el estreno. Un total de once temas puestos (por primera y última vez) todos ellos en boca un Liam Gallagher que, disfrutando de su mejor momento como vocalista, arrojaba una interpretación intensa, arrasadora y magnética.

Precedido por la expectación generada por adelantos en forma de imponentes sencillos –“Supersonic”, “Shakermaker” y “Live Forever”–, “Definitely Maybe” (Creation, 94) se convirtió en clásico antes incluso de su publicación, superando a continuación cualquier expectativa gracias al nervio interrumpido mostrado a lo largo de un conjunto sólido e incontestable. Lo que vino después es de sobra conocido: peleas internas, declaraciones excesivas, cambios de formación, éxito masivo y una trayectoria irregular que conjuga grandes trabajos con entregas menores. Pero la auténtica esencia de Oasis es la que desprende su ópera prima. Un álbum con la producción más primitiva y respetuosa de toda su discografía, ideada para una banda hambrienta, confiada en sus posibilidades e igualmente algo primaria. El tiempo ha confirmado sensaciones con firmeza, y dos décadas después el álbum puede presumir de seguir sonando exactamente igual de agresivo, verosímil e incorruptible.

Un aniversario celebrado con la publicación de un triple compacto que en su primer CD presenta el álbum original convenientemente remasterizado y completado con un par de remezclas alternativas más bien anecdóticas. Por su parte, el segundo disco aúna las valiosísimas caras B incluidas en los cuatro singles extraídos de la referencia, formato entonces muy cuidado por el quinteto y agradecido por los fans. Son gemas como “Listen Up”, “(It’s Good) To Be Free”, “Fade Away” o la codiciada toma en directo del “I Am The Walrus” de los omnipresentes Beatles con los que solían cerrar los conciertos de la época, además de “Whatever”, excepcional single lanzado con posterioridad al elepé y no incluido en ningún disco de estudio del combo, y “Sad Song” tema exclusivo de la ahora cotizada edición en vinilo del álbum. El último compacto reserva su espacio para rarezas que conjugan demos interesantes con siempre agradecidas tomas en directo registradas en diferentes localizaciones que van desde el Manchester Academy a un set acústico en Paris, pasando por la habitación de un hotel japonés o una actuación en Glasgow.

Una jugosa reedición que, si bien no presenta demasiado material realmente desconocido para coleccionistas y fanáticos del grupo, a cambio unifica de manera generosa y en una única referencia archivos interesantes con un pedazo de historia totalmente vigente de la música contemporánea como es “Definitely Maybe” (Creation, 94).

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