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En la era dorada de esto del pop y el rock, cuando ni tú ni yo todavía habíamos nacido, se consideraba que los tres primeros discos de un grupo se asemejaban a una etapa de alta montaña en el Tour: el primero, para el que la banda llevaba preparándose años, resultaba el más sencillo; el siguiente iría un poco a remolque de aquel, porque lo normal es que hubiese canciones sobrantes del debut. Y así nos plantaríamos en el tercer disco, en el que se hacía imprescindible reinventarse con un planteamiento y repertorio completamente nuevos. De alguna forma la prueba del tercer disco significaba la hora de la verdad para cualquier grupo.

Obviamente el esquema tiene un encaje complicado medio siglo más tarde, cuando tiempos y formatos se reinventan casi a diario. Pero, con sus matices, sí que serviría para explicar la situación de Kevin Parker y sus Tame Impala antes de la publicación de “Currents”, el ascenso mediático con un disco “Lonerism”– y un riff -“Elephant”- con los que definitivamente tocaba techo su modelo del rock psicodélico contemporáneo. Mientras desde los medios británicos nos llegaban alarmantes avisos del “cansancio” del australiano, a Parker le tocaba mover ficha y elegir entre reinventarse o apostar por otro revival de los sonidos de los setenta y de sí mismo, algo así como lo que ocurrió en los 80 con las bandas garageras que acabaron siendo una fotocopia de una fotocopia de una… Muy al contrario, la pirueta de Tame Impala sitúa al grupo en un territorio en el que por supuesto caben las influencias, pero que se presenta ante nuestros ojos esencialmente virgen: “Cada vez me acerco más al tipo de música que me gustaría escuchar”, contaba en la entrevista que le hicimos en MondoSonoro, como si esos sonidos todavía no hubiesen sido grabados, ni por él ni por otros artistas.

Parker, que ha potenciado aún más su faceta de productor en los últimos años, ha optado por prescindir de Dave Fridmann -mezclador de “Innespeaker” y “Lonerism”– para asumir el control total de “Currents” y llevar las canciones a otra dimensión, potenciando sus elementos más bailables y manteniendo la cualidad etérea, casi narcótica marca de la casa. Temas como “The Less I Know The Better” o “The Moment” se convierten en funk del siglo XXI, y el protagonismo de bases minimalistas robado a los arrebatos guitarreros de antaño llena de sentido las referencias a Kanye West, Daft Punk y Michael Jackson (también a sus adorados Supertramp o Alan Parsons) y justifica esos titulares que apuntan a una supuesta mutación dance-camp.

Es además el disco en el que la voz de Kevin se sitúa en un orgulloso primer plano, hablando con claridad meridiana de “cambio”, “vidas pasadas” y reclamando su derecho a llorar sin dejar de ser por ello un hombre. Aún a pesar de la ausencia de hits claros –me niego a reconocer a ese anémico medio tiempo que es “Cause I’m A Man” como tal- se puede hablar de “Currents” como el álbum expansivo de Tame Impala, aquel que a pesar de provocar alguna que otra deserción entre el núcleo duro de fans, definitivamente le abrirá las puertas de un nuevo público y convertirá en fenómeno global al grupo. El ejemplo perfecto de cómo enfrentarse a la prueba del difícil tercer disco y aprobar con nota.

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