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cox

Empezar un disco con un tema musicalmente esplendido, brillante y enganchoso, pero que en que su letra te repite con insistencia: “me hundo, me hundo, me hundo”, resulta una dicotomía perversa. Sin embargo no es para menos. Estar en una situación limite y que la música te ayude a salir de ella, puede sonar a tópico, pero si ocurre, es una reconfortante realidad. Pues algo de salida del infierno tiene este disco y temas como el mencionado “Me hundo”, la deliciosa “Carretera”, la vigorosa “Soñé”, la esperanzadora “Vuelo”, o la dolorosa “Mares” apuntan por ahí.

Canciones provocativamente melódicas en las que la voz personal de Cox nos guía, pero donde suenan guitarras afiladas y rockeras, una base rítmica contundente y unos teclados muy sugerentes. Y conociendo la carrera de Cox (Escaramush, Martingala, Samsara, Atenta Fluido) esto sí que es algo novedoso. A todo ello ha contribuido la determinante banda que se ha buscado, la perfecta grabación de Cesar J. De Cisneros y la meticulosa producción de Christian Rey (The Pinker Tones). Juntos han dado lustre a esas diez canciones que han ayudado a ese “principio de catarsis” que Cox necesitaba. Y nosotros también.
Y no queremos hacer spoiler, pero ya les avisamos que esa situación límite llevó a Cox a abandonar todo lo que le sujetaba en tierra y se embarcó en una valiente aventura marítima que en breve tendrá consecuencias, por lo menos musicales.
¡Ah! destacar además la originalidad del “packaged”, aunque echamos de menos que no haya un libreto donde están escritas esas poéticas, románticas y, por qué no decirlo, a veces atormentadas letras.

 

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