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La anterior entrega de Coldplay vino marcada por la separación del vocalista Chris Martin y su mujer, la actriz Gwyneth Paltrow, en una circunstancia extrema que motivó el perfil intimista y desgarrado de un disco ampliamente convincente en su mayor parte. “Ghost Stories” (Parlophone, 14) recuperaba así esas sensaciones positivas de los comienzos, dejando atrás los excesos mostrados por el cuarteto en “Viva La Vida Or Death And All His Friends” (Parlophone, 08) y sobre todo “Mylo Xyloto” (Parlophone, 11). Sin embargo, año y medio después de aquel resurgir y una vez superado el bache emocional, los británicos retoman su indisimulada obsesión por convertirse en la banda más popular del planeta.

Para ello presentan un séptimo álbum amparado de nuevo y sin disimulo (ni medida) en un sinfín de cábalas efectistas, tan coloridas y pegadizas en aspecto como vacías e inocuas en fondo. “A Head Full Of Dreams” (Parlophone, 15) es un pastiche empalagoso y repetitivo hasta la propia auto-caricatura, donde la formación confía la consecución de sus logros a una producción pomposa y excesiva capaz de engullir cualquier atisbo de realismo y credibilidad artística. Es el efecto de unas canciones instantáneamente pegadizas, diseñadas al milímetro para conquistar al oído fácil y donde cualquier virtud melódica desaparece ante una interminable serie de trucos sonoros.

Sólo la relativa austeridad de “Everglow” y el interludio experimental de “Kaleidoscope” aportan una bocanada de aire a un trabajo denso e irritantemente acomodado, destacando entre la retahíla de banalidad motivada por temas como “Hymn For The Weekend”, “Fun”, el single “Adventure Of A Lifetime”, “Head Full Of Dreams”, “Army Of One” o “Up&Up”. La estudiadísima fórmula se completa con las colaboraciones mediáticas (y en la práctica más bien anecdóticas) de artistas como Beyoncé, la sueca Tove Lo, Noel Gallagher o incluso la propia Gwyneth Paltrow.

El grupo presenta otro elepé orientado indiscriminadamente a la celebración masiva de estadio, en base a una épica indolente, melosa y carente de profundidad y auténtico nervio. Un retorno a los infiernos que resulta aún más doloroso al recordar que, tiempo atrás, los remitentes fueron capaces de alumbrar obras tan sentidas y bien envejecidas como “A Rush Of Blood To The Head” (Parlophone, 02) y ese magnífico estreno que fue “Parachutes” (Parlophone, 00) hace ahora quince años.

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