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Si el nuevo disco de Belako ha sido calificado como “esperadísimo” no es por oportunismo o por seguirle el juego a la campaña de marketing de su discográfica. El fenómeno se ha ido gestando rápidamente hasta acabar calando hondo; pero, oh milagro, sin riesgo a que acabe siendo devorado por sobreexposición. Se dieron a conocer con Eurie (2013), un debut que puso algunas bases del sonido Belako (el post-punk y un deje por las atmósferas de principios de los 80), y el año pasado completaron su universo sonoro con doble ración de EPs -AAAA!!! y Bele beltzak baino ez- con el que se atrevían con distintos lenguajes de la música rock (noise, 90s, New Wave, punk) y aportaban una mirada electrónica sin complejos.

Pero han sido sus enérgicos conciertos los que han alimentado la leyenda de estos jovenzuelos de Mungia, Bizkaia. Las críticas a su paso por festivales (BBK Live, Low, Santander Music, Jazzaldia) han sido realmente entusiastas y en muchos casos han acabado por colarse como los conciertos favoritos del público. Algunos quedaban prendados por su rabia y energía; a otros les daba por dejarse llevar por sus ritmos electrónicos y movían sus cuerpos como en una pista de baile.

Las dos caras de la misma moneda se vuelven a encontrar en Hamen, un disco de carácter poliédrico. Todo empieza con un sonoro golpe encima de la mesa, con la versión más cruda del grupo. En la cara A hay aullidos (“Track sei”), guitarras poderosas (“Guk emanez”) y bajos cortantes como una cuchilla de afeitar (“Fire alarm” y “Off your shoes”). En el segundo tramo viran más hacia los ambientes electrónicos (“Sinnerman” es carne de discoteca) y recuperan de su anterior entrega dos certeras balas (“Monster” y “Crime”) y el baño de sintetizadores de “Mum”. En cambio, “Something To Adore” funciona a modo de pop balsámico y aporta un breve momento de sosiego que hasta puede recordar a Lana del Rey.

Aquí no hay barreras. Fuera etiquetas. Estábamos equivocados. El sonido Belako no era el post-punk, ni la eletrónica ochentera, ni el indie, ni el rock de los 90 con el que ahora se les empieza a asociar y parecen sentirse cómodos. El sonido Belako era algo como esto: una atronadora y fascinante batidora que tritura estilos e influencias.

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