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Godspeed_You!_Black_Emperor_Asunder,_Sweet_and_Other_Distress

Para todos aquellos familiarizados con la música de Godspeed You! Black Emperor, “Asunder, Sweet and Other Distress” tiene poco de sorpresa. Tras reformarse con el memorable “?’Allelujah! Don’t Bend! Ascend!” (Costellation, 12), el colectivo de Quebec lleva tocando en directo el contenido de este álbum durante los últimos tres años, en ocasiones incluso ocupando en exclusiva todo el repertorio.

Dividida aquí en tres movimientos diferenciados, los cuatro cortes del disco son en realidad una sólo pieza que, a falta de nombre oficial, los fans de la banda decidieron bautizar como “Behemoth”. Aunque el gigantesco monstruo bíblico bien podría definir la práctica totalidad de su catálogo, si en algo se caracterizan Efrim Menuck y los suyos es precisamente en rechazar cualquier tipo de tópico o idea preconcebida sobre su música.

Los títulos no son nunca algo accesorio o meramente estético, sino más bien una declaración de intenciones conceptuales que sirven para ampliar a cada entrega la particular idiosincracia de GSY!BE.
Así, el disco se abre con la inmediata “Peasantry or ‘Light! Inside of Light!'”. Apenas unos segundos de batería dan paso a un abrumador estruendo guitarrero (casi metal) que lentamente se transforma en una bella melodía de reminiscencias orientales.

El regreso a bordo del guitarrista fundador Mike Moya ha supuesto también la vuelta de los riffs prominentes. GSY!BE suenan más fuertes, más agresivos e incluso más cabreados que nunca; o al menos tanto como lo estaban en “F? A? ∞” (Constellation, 98).
Los dos temas centrales, “Lamb’s Breath” y “Asunder, Sweet” a base de drones solitarios y melancólicos pasajes ambientales, permiten respirar al oyente y funcionan como una transición perfecta antes de la grandiosidad de su movimiento final, donde toda la tensión creciente se libera de golpe. “Piss Crowns Are Trebled” comienza como un salvaje estallido atonal en el que se van entrelazando cada vez más instrumentos hasta que en pleno clímax emerge el delicado violín de Sophie Trudeo y la masiva tormenta sonora se vuelve armónica, conciliadora. Como una luz al final del túnel. Los cuasi-anarquistas canadienses parecen decirnos que la indignación frente a la tiranía y el mercantilismo abre paso a la esperanza.

Extenuante, sí, aunque paradójicamente nos encontramos ante el disco más corto de su carrera. “Más de lo mismo” dirán los más cínicos; pero lo cierto es que ninguna otra banda en el planeta podría ni siquiera contemplar la idea de hacer algo mínimamente parecido a “esto”.

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