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¿Quién demonios es Bobby Jameson? El inefable Ariel Pink rinde homenaje a este oscuro personaje de la música estadounidense que jamás pudo trascender el estatus de artista maldito, y con el que dice sentirse muy identificado. A mediados de los sesenta, Jameson cayó en manos de un manager con instintos bipolares que decidió promocionarle como “el artista más grande del siglo”, para poco después dejarle en la estacada tras lanzar un disco (“Songs of protest and antiprotest”, al que algunos han comparado con el “Forever Changes” de Love con bastante poco tino) que apenas vendió unas pocas copias. La experiencia hizo trizas al pobre Jameson, que después rechazaría una propuesta de unirse a los Monkees y acabó en un manicomio tras sumergirse en un profundo alcoholismo e intentar quitarse la vida. En 2007 el tipo volvió a aparecer a través de un blog en el que contó toda su penosa historia, y murió hace un par de años, desatando el proceso creativo de un Ariel Pink que parece abrir el disco con la mismísima ascensión de Jameson a los cielos, a través de un tema de onda kraut titulado “Time to meet your God”.

No, no empieza fácil y accesible el nuevo disco de Ariel Pink. Pero este Kevin Ayers moderno cada vez entrega más píldoras de pop redondo y oxigenado en sus obras, como el segundo corte, “Feels like heaven”, las preciosísimas “Another Weekend” y “Do yourself a favor”, la electrizante “Bubblegum Dreams” o esa “Dedicated to Bobby Jameson” que acaba apuntando directamente a “Light my fire”.

Más oleaje ofrece en el resto del repertorio, donde la heterodoxia manda con puño de hierro: puede pasar del soul vaporizado de “Dream Patrol” al synth-pop de “Santa’s in the closet”, del post-punk de “Time to live” (con guiño dark al “Video killed the radio star” de The Buggles) al pop ochentero de “I wanna be young”, o del funk posmoderno de “Acting” a una “Dreamdate Narcissist” que parece salida de un volumen del “Back from the grave”. Como era de esperar, Pink sigue sin ponerse uniformes y prefiere ir en pelotas mientras se quita y pone lo que va encontrando por el camino. Lo cual siempre es digno de ver y escuchar.

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