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A veces me pregunto cuantos billones de artistas con talento se habrán quedado por el camino, cuántos grandes discos nos hemos quedado sin escuchar porque aquel que lo tenía en la cabeza decidió tirar la toalla, que ya había insistido demasiado y había llegado la hora de buscarse un trabajo de verdad. Por suerte, Brandon Anderson Paak es de los cabezotas.

Tras aprender a tocar la batería en la iglesia e intentar publicar un primer disco que no pudo financiar, tuvo que aprovechar las horas libres de estudio mientras trabajaba como asistente de Shafiq Husayn de Sa-Ra para terminar su debut como Breezy Lovejoy, un nombre de corto recorrido ya que justo después de publicar aquel disco salió de gira como batería mercenario de la concursante de American Idol Haley Reinhart.

A pesar de estos avatares, Paak persistió y a la vez que daba por amortizado su anterior nick debutaba con “Venice”, en el que ya contó con la colaboración de DJ Nobody. Pero no fue hasta el año pasado, con su presencia en “Compton” de Dr. Dre, que la mayoría del mundo se fijó en su voz. Paak cantaba allí hasta cinco temas y, de hecho, ya estaba trabajando en este “Malibu”: “Animals”, en principio pensado para este disco terminó en el de Dre, coproductor del tema junto a DJ Premier.

“Compton”, supuso también el momento en que el músico californiano empezó a trabajar con productores de primerísima fila como el mismo Dre, pero especialmente Knxwledge, con quien compartía EP justo antes de la edición de su segundo largo, llamado a convertir a Paak en uno de las nuevas grandes caras de la música negra contemporánea.

No voy a decir que el mundo no vaya a ser el mismo después de la edición de “Malibu”, pero desde luego si Paak se hubiera rendido nos habríamos perdido un emocionante y particular recorrido por la música negra, con un planteamiento similar al de Kendrick Lamar en “To Pimp A Butterfly” (“Am I Wrong” podría ser perfectamente una cara B de Kendrick) o el “Black Messiah” de d’Angelo and The Vanguard: esa voluntad de hacerlo todo a la vez, estar en todas partes, resumir la esencia de todo y a la vez hacer un alegato personal.

Puede sonar alocado comparar “Malibu” a dos de las piezas claves de la música negra de los últimos años –y de esta década, ya que estamos-, pero después de escuchar el nuevo trabajo de Anderson Paak no te queda otro remedio que admitir que, si bien todavía no está entre los grandes, oposita a la grande.

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