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El disco póstumo de Alan Vega llega justo un año después de su fallecimiento, encontrándonos con las últimas canciones que el norteamericano compuso junto a su esposa Liz Lamere. La recta final del músico se centró exclusivamente en conseguir unas canciones de marcado carácter de perdición, no solo por la fuerte carga otorgada a todo el aparataje industrial, sino las frases secas y concisas entorno a un colapso social.

Sobresaliendo en base a un apartado rítmico totalmente indivisible al electrónico, las canciones se centran en un núcleo de bases epilépticas que suponen un perfecto colchón para hacer crecer el deseado clímax amenazante. Lo cierto es que la impresión de estar ante el trabajo que el músico presuponía que era el último, más aún después del infarto que sufrió en 2012, es algo bastante palpable en la mayoría de sus rincones, consiguiendo que el consumido plano personal se traspase al panorama propio de su país en temas tan rotundos como “Screamin Jesus”.

Centrando buena parte de sus esfuerzos compositivos entre los años 2010 y 2016, “It” se encuentra a la altura de la mayor parte de los trabajos en solitario del músico, sacando a la perfección el carácter metálico y agónico que tanto le ha acompañado en su carrera en solitario. La concepción del protopunk llevada al extremo, consiguiendo que los impulsos nerviosos pasen a un primer plano, es una constante en el disco, encontrando precisamente en el caos el factor con el que aglutinar las distorsiones que aparecen de la forma más sorpresiva.

Un juego de pirotecnia de fuerte impacto, donde lo marchito no llega de una forma progresiva, sino causando un gran estruendo a su alrededor. A través de un alegato donde se vislumbra un final cercano, los ambientes robóticos y la voz bronca de Alan consiguen capturar un fiel sentimiento de desasosiego, teniendo la impresión que cada canción del trabajo suena más definitiva que al anterior. No en vano la palabra más repetida a lo largo del trabajo es “dead”, dejando claro desde el primer momento las intenciones que refleja el disco. En resumen, un final artístico muy a la altura de todo lo demostrado, lanzando un último alarido con el que revindicar su gran influencia y evitar cualquier tipo de salvación posible.

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