Si el éxito de un festival se mide por la asistencia y participación activa de público, está edición número dieciocho del Womad Las Palmas ha cubierto todas las expectativas. Más de 45.000 personas, según la organización, pasaron por la Aldea Womad como han bautizado al espacio donde se desarrolló.

He tenido la oportunidad de conocer seis ciudades diferentes donde se celebra este festival y sin duda Las Palmas es la que mejor recoge el espíritu y filosofía Womad. Evidentemente es un festival musical, pero que en su origen encierra muchos otros valores. Mensajes de respeto por las culturas, de solidaridad con el prójimo, de implicación ecológica, etc. Pues este público canario no solo se ha volcado masivamente en esta vuelta del festival a su ciudad, después de seis años de ausencia, sino que ha demostrado que lo merece. 
El gran Parque de Santa Catalina ha estado repleto los dos días de conciertos de ese público apasionado, de todas las edades, que es capaz de disfrutar de propuestas variadísimas, ya sean intimistas, experimentales o más populares. Capaz de llenar los talleres tanto de adultos como infantiles que tuvieron una asistencia masiva o de llenar las sesiones de cortos y documentales que se encarga de organizar Casa África. Y aquí podríamos utilizar el recurso fácil de que siendo su 18ª edición, era el de la mayoría de edad, pero hace años que este público la superó.

Pero centrémonos en la parte musical. Todo empezó el viernes de la mano de la canaria Yanara Espinoza. Ella es la líder que compone y decide como debe sonar Papaya, bastante diferente de otra banda en la que participa como guitarra, Violeta Vil. El ya numeroso público que se acercó a inaugurar junto a su trío el festival recibió con calor ese sonido pop ochenteno sostenido por cajas de ritmos electrónicas o sintéticas. Sus canciones están repletas de historias y personajes y en ellas se cuentan Cosas fascinantes y sencillas, como reza el título de su single de más éxito. Como dice Yanara, su música te puede gustar más o menos, pero es difícil que te moleste. Más bien ocurrió todo lo contrario, nos encantó.

Con el público ya introducido en el festival, los tinerfeños de la 101 Brass Band lo tuvieron fácil para que siguiera la fiesta. Esta macro agrupación de metales, al estilo de las bandas de pasacalles de Nueva Orleans o de las fanfarrias balcánicas, pusieron a bailar a su ritmo a todos los que se agolparon en el escenario situado detrás del Edificio Miller. Sus versiones de Michael Jackson, The Prodigy y, evidentemente, de clásicos balcánicos sonaron divertidas y festivas.

Y cambio de escenario para escuchar a los madrileños de Tu Otra Bonita. Una banda que si no conoces su música puede resultar chocante, porque sus cambios de ritmos son constantes y la mayor parte de las veces en una misma canción. Sin embargo si te gustan en directo resultan muy efectivos. Vale que los clasifican como rumba de Madrid, pero lo suyo es mucho más personal. Aunque tampoco tienen reparos en hacer versiones de grupos afines como El Bicho o Muchachito, o se atreven con “La Leyenda del Tiempo” que cantara Camarón. Hasta empezaron con una versión de la intro de la serie “Narcos”. Están en el final de gira de su segundo disco “The Cortijo” (Entrebotones, 16) y de él sonaron la inclasificable “Constelación”, la divertida “Queena Lagarta”, esa genial denuncia a los festivales que no cuidan a los grupos que es “Robo” o la acústica “Ganas de…” con la que cerraron su actuación.

Ese buen hacer acústico lo continuó el primer artista internacional en aparecer, el caboverdiano Miroca Paris. El que fuera percusionista de Cesária Évora y que acompañara también a otros grandes músicos acaba de editar su primer disco, “D’alma” (17), y fue lo que presentó en formación de quinteto armado con su guitarra y su dulce voz. Canciones de ritmos suaves que recuerdan a lo más melódico de Lokua Kanza o Richard Bona, pero con ese sentimiento difícil de definir y que alguien tradujo como “un bien que se padece y un mal que se goza”, o sea la “saudade”.

Pero llegó uno de los platos fuertes de la noche, la Orkesta Mendoza. La banda que casi de forma casual creó Sergio Mendoza (Calexico) para homenajear al mambo y a Pérez Prado se ha convertido en un artefacto que en directo levanta pasiones. La mezcla de ese indie mambo, cumbia, boogaloo, rock fronterizo, pasado por el filtro de Tucson y con la experiencia de años rodando por escenarios de todo el mundo, resultó imparable. Y eso que recientemente su carismático cantante Salvador Durán, debido a razones personales, dejaba de girar con el grupo, aunque ha sido sustituido por Brian López (Xixa) que además toca también guitarra. Empezaron al grito de “¿preparados para la cumbia?” con su “Cumbia Volcadora” y siguieron con “Redoble”, con el que animaron a todos a guarachar. A destacar “Nada te debo” que en su disco cantara Depedro o esa impagable versión del “Caramelos” de los Amaya pasada por el filtro Mendoza, o el clásico “Lupita” que hizo mover a todo el Parque de Santa Catalina de lado a lado. Triunfaron.

Pero si aún había energías por gastar, la prueba fueron Beating Hearts. Con un fondo musical basado en grabaciones de músicas tradicionales africanas entre 1920 y 1970, pero con unas remezclas absolutamente modernas y tremendamente bailables, no dieron descanso en su hora de actuación. Dos djs turnándose y una incansable bailarina, que también aportaba voz, montaron un show que bien podría incluirse en cualquier festival de “músicas avanzadas”.
 Para cerrar el viernes que mejor que los ritmos humeantes de una leyenda del reggae, Horace Andy. En las islas es un genero con numerosos seguidores y muchos de ellos estaban allí para verle por primera vez. Su característico vibrato, que popularizó también con Massive Attack, sigue ahí y apoyado por una banda eficiente y resolutiva. Hizo un autentico grandes éxitos donde no faltaron “Skylarking”, “Money, Money” o “Elementary”. Tampoco algunos de los temas que cantara con los Massive como “Man Next Door” o “Spying Glass”, para acabar con la versión del clásico “Ain’t No Sunshine”. Sabiduría y experiencia en un mismo escenario.

El sábado fue otro grupo canario el que abrió el gran escenario, Profecía Crew. A’Jah, Black Zee y Jojah Selektah, dúo de mc’s más dj, jóvenes pero con años de experiencia que tiran de reggae y dancehall para lanzar sus mensajes positivos. “Te recuerdo que naciste llorando, así que ahora mejor sonríe” cantan en uno de sus temas más conocidos. Ellos pasan meses en Jamaica, donde hacen sus producciones, y la gran cantidad de gente que acudió a primera hora para verlos dice mucho de su popularidad.
 El relevo lo tomaron Kuarembó, también canarios pero con el mestizaje como bandera. Al grito de “vamos a bailar la vida” supieron aprovechar su tiempo y lo dieron todo en el escenario, desde el principio al final. Nueve músicos en escena y un hiperactivo cantante y guitarrista, Toñako, al frente. Mezcla de ritmos, mezcla de idiomas con mensajes de lucha pero para no parar de bailar.

Contraste a primera vista con la artista que les sucedió, la marroquí afincada en Francia, Hindi Zahra (arriba en la foto). Si bien sus dos discos editados beben más del jazz, soul y blues pero con deje de música oriental, en directo y con la banda que le acompañó, con dos guitarras tremendos, fue especialmente exuberante. Hizo un repertorio corto, apenas nueve temas, esto en una hora dice mucho de la intensidad de cada canción. De hecho Zahra había afirmado recientemente que su admiración por Led Zeppelin o Jimi Hendrix podría recuperarla en su nuevo disco. Quizás por eso “To The Forces”, que en el disco hiciera con Bombino (aunque el de Níger no apareció) sonó arrollador. Igual de intenso que “Set Me Free” o el final con “Stand Up” a ritmo de ska con el que hizo corear a todo el público. Otra triunfadora.

Y turno para otro que hay que dar de comer aparte, Niño de Elche. Aunque solo llegó acompañado de Juangui Acosta a la guitarra y Darío del Moral al bajo y teclados, su impacto en el Womad quedó patente. Anunció que ese era uno de sus últimos conciertos con el repertorio de “Voces del Extremo” (NDE/Telegrama, 15), pero personalmente cuanto más veces lo veo, más reconozco su valor y más me convence que es algo único en su genero. Además es todo un privilegio ver el impacto que causa a la gente que no sabe a que se enfrenta. “Estrategias de distracción”, “Mercados”, “El comunista” e “Informe para Costa Rica” fueron la antesala de un “Nadie” espectacular donde el trabajo de improvisación-comunicación con Juangui fue excepcional. Evidentemente acabó con “una canción de amor que se llama ‘Que os follen’”, dijo, y que dejó a todo el mundo exultante. Este “ex flamenco”, como le gusta decir, donde va deja una huella imborrable.

Cambio total de estilo como continuación para ver al mencionado Bombino. Su galopante blues del desierto asombró a todos por su contundencia y resolución. Batería y bajo compactos, un guitarra de apoyo efectivo y él dejando riffs que a veces daban miedo de la velocidad con la que los hacía. Apenas se dirigió al público, como siempre, pero es que la intensidad que pone tocando le deja exhausto. Dos de las perlas que tocó fueron “Adounia” e “Iyat Ninhay”, que tienen una estructura que empieza de forma relajada pero en directo van adquiriendo poco a poco una aceleración que hasta resulta peligrosa. Dice que sus padres musicales son Tinariwen y Alí Farka Touré, pero estoy seguro que los escuchaba a más revoluciones de lo normal.

Peligrosa también parecía La Dame Blanche (en la foto principal) cuando apareció en el escenario con una pose desafiante y fumando un gran puro, aunque luego esta cubana residente en Francia se mostró divertida y cómplice. Acompañada de un batería y un dj con bases y programaciones que están colocados a cada lado del escenario, ella domina la escena cantando y tocando la flauta travesera. Una formación cuanto menos curiosa pero que respalda de manera efectiva sus canciones. Ella rapea, canta, baila y seduce al personal con igual soltura, y quizás en algún momento puede recordar a La Mala en la voz, y porque también tiene una personalidad y poderío importante. Justo una de las canciones que hizo, “Dos caras”, parece hablar de ella misma, ya que en realidad ella soñaba con ser flautista de música clásica, pero al final este es el proyecto que le permite mezclar tradición, ritmos urbanos y contar historias de la vida real. En su último tema “Promesas” pidió que subieran algunas chicas y casi hubo invasión de escenario. Ella también dejó su impronta en el festival.

Y para acabar la fiesta The Brand New Heavies (abajo en la foto) y su acid jazz. Con la idea de convertir el Womad en una pista de baile, soltaron toda su experiencia y su batería de hits. Aunque curiosamente este pasado año Sulene Fleming sustituyó a la que había sido su vocalista desde los años 90, N’Dea Davenport, lo cierto es que la banda no se ha resentido. Con “You Are The Universe” y “Dream Come True “cerraron musicalmente la edición de este festival con todo el público bailando. 
Las últimas noticias que nos llegan hablan de una próxima edición de cuatro días, como antaño, y una vuelta a la Playa de las Canteras. Estamos deseando verlo.