Si según fuentes municipales este año han participado más de ¡¡¡150.000!!! personas (record histórico de asistencia) en los cuatro días que ha durado el festival Womad Cáceres, imagínense la conexión que existe después de 26 años entre esa preciosa ciudad y ese ilustre festival. Además poseen similitudes ya que ambos son un reflejo de las muchas culturas y diferentes nacionalidades que pasaron o pasan por ellas. De alguna manera eso incluye esos valores de los que más orgullosos se sienten sus organizadores y que tienen que ver con la tolerancia, el respeto y el intercambio de culturas.

Una ciudad que se vuelca, no solo en sus conciertos, sino también en las diferentes e interesantes actividades paralelas. A resaltar este año por ejemplo el sugestivo trabajo desarrollado en un “Mundo de Palabras” o la masiva afluencia a los talleres tanto infantiles como de adultos. Además, contabilizar veintiséis ediciones significa que, por ejemplo, muchos de los componentes de los grupos que actuaron en el escenario promovido por el IJEX y la Secretaría General de Cultura de la Junta de Extremadura, que funcionaba en paralelo al Womad, son más jóvenes que el festival.

Para quien no conozca cómo y dónde se desarrolla este magno festival, explicar que son dos los escenarios principales que se alternan sin solaparse. Uno de ellos está en la amplísima Plaza Mayor (teóricamente con una capacidad de 30.000 personas y que este año en ocasiones estaba más que rebosante) y el otro en la preciosa Plaza San Jorge, en medio de la “ciudad vieja”, declarada patrimonio de la Humanidad. Una organización férrea hace que se cumplan los horarios con exactitud y eso les cuesta más de un enfado con los grupos que a veces no saben administrar su tiempo.
El público de la Plaza Mayor es normalmente más joven y en ocasiones puede parecer más despreocupado de lo que ocurre encima del escenario, mientras que en San Jorge es más receptivo a las diferentes ofertas que se dan allí, que acostumbran a requerir de cierta atención.

Curiosamente dos propuestas diferentes, pero con un punto de origen común, triunfaron en cada uno de ellos. Por un lado los jóvenes barceloneses de La Sra. Tomasa y su cóctel de los ritmos latinos, pero con el apoyo de la electrónica más avanzada, pusieron patas arriba a la inmensa cantidad de público que se concentró en la Plaza Mayor. Por el otro la Orkesta Mendoza y esa particular recuperación del mambo, hizo bailar con ganas a una repletísima Plaza San Jorge. Los primeros presentaban nuevo disco, “Nuestra Clave”, y nuevo espectáculo, y demostraron su entrega, energía y profesionalidad. Supieron crear una gran sinergia con toda la plaza que vibró a su festivo son. Los segundos, provenientes de Tucson, Arizona y comandados por ese hombre tranquilo pero hiperactivo que es Sergio Mendoza (Calexico, DeVotchKa, Mexrrissey, Los Hijos de la Montaña), asombraron con su impecable y gozoso indie mambo. Un proyecto que nació como tributo a Pérez Prado pero que se nutre también de cumbia psicodélica, boogaloo o rock fronterizo. Un show que rápidamente conectó con un público cómplice. Su irresistible versión del “Caramelos” de Los Amaya (que les propuso Jairo Zavala “Depedro”), o la incursión de uno de los trompetistas tocando entre el público, dejó a todos encantados. Sin duda su concierto se recordará.

También Bombino, el músico tuareg de Níger, arrolló con su “blues del desierto”, aunque mejor sería decir “rock del desierto”. Acompañado de guitarra, bajo y batería, y casi sin articular palabra, fue insuflando intensidad y color a sus canciones. A destacar un par de su último disco “Azel“, como la exuberante “Tamiditine Tarhanam” o ese final con la peligrosa “Iyat Ninhay” que acabó con una aceleración tal que dejó anonadado al personal.

Bombino

Bombino

Asimismo la irlandesa Sharon Shannon atrajo instantáneamente a un público que, aunque pueda parecer extraño, es buen conocedor de los ritmos celtas, ya que hace más de diez años que en Cáceres se organiza un gran evento relacionado con esas músicas. Así que sus jigs, reels o slow air pusieron a bailar a toda la plaza. Curiosamente en su último disco hace una incursión en la fusión de música irlandesa y africana. Pero en su actuación tiró de repertorio y con una reducida, pero muy eficiente banda, supo aprovechar su hora exacta. No faltó su clásico “Blackbird” o esa versión del legendario “Tune for Found Harmonium”.

Otra impresionante actuación fue la de Earl Thomas. Este embajador del blues más furioso se comió literalmente el escenario. Resulta que a última hora y en previsión de lluvias, se instaló una pequeña carpa con una barra justo en medio del escenario. Earl vive la música de forma apasionada y cuando en sus ritmos se daban increscendos, explotaba con unos bailes frenéticos que a veces se topaban con la barra. De todas maneras él y su potente banda sí que son unos todoterreno y poseen un dominio en escena que enfervorizó al público de la Plaza San Jorge.

Desde Guinea Bissau llegó la valiente propuesta de Mû Mbana. A pesar de tener diferentes proyectos con banda, se presentó él solo con instrumentos acústicos de cuerda tales como el simbi, el bënsuni o el tonkorongh. Con una voz penetrante que estremece, y que recuerda a Ayub Ogada o Geoffrey Oryema, mostró canciones inspiradas en cantos religiosos de mujeres de diferentes etnias y sus cantos telúricos llegaron a lo más profundo.

Destacable también la actuación del nigeriano septuagenario Orlando Julius y su banda de acompañamiento, los eficientes londinenses The Heliocentrics. Su legendario highlife con ese potente jazz funk detrás, te va cautivando poco a poco, además él, a pesar de su edad, sopla su saxofón con una energía envidiable y hasta baila al lado de su mujer que le acompaña aportando un plus de vistosidad y ritmo a su show. Su clásico y envolvente tema “Ashiko” cerró brillantemente su concierto.

En otro extremo musical el camerunés afincado en Francia Blick Bassy. Su combinación sonora es muy personal y estuvo respaldado por un trombonista, un contrabajista y él mismo al banjo e incluso ¡una maleta tocadiscos! en la que hacía sonar vinilos. En su actuación hizo un alegato contra el hambre en el mundo y sus temas más acústicos tuvieron buena respuesta. Sin embargo estiró en exceso otros en los que experimentó con el sonido y no llegó a alcanzar el climax que debiera, quizás por estar en un espacio tan amplio.

Algo parecido le ocurrió también a la israelí Mor Karbasi. Ella está íntegramente dedicada a la música sefardí, que nació de los judíos españoles instalados en Castilla y Aragón y que fueron expulsados hace más de 500 años. A mi parecer su música se aprecia y disfruta mejor en lugares más pequeños y cerrados. A pesar de ello su impresionante voz, presencia y esa mezcla entre música árabe y cristiana cantada en ladino, destiló magnetismo.

Dentro de las sorpresas y descubrimientos que siempre nos ofrece el Womad, destacar al joven e impetuoso AKA George. El británico presentó un planteamiento original acompañándose de un dj que lanzaba bases electrónicas, un percusionista con una caja de ritmos y él moviéndose sin parar, gesticulando y haciendo cantar a la gente. Hay que darle tiempo, porque promete y veremos si su oferta se consolida.

En la parte nacional, aparte de los nombrados La Sra. Tomasa, Los Hermanos Cubero y su particular visón de la música tradicional tuvo sus más y sus menos. Este dúo de La Alcarria se presentan con su aspecto particular, tocan sus guitarras muy juntos los dos y aunque reivindican el folk, le añaden unas letras de corte irónico y comprometido con las que escapan del género. Por un lado tuvieron un numeroso club de fans en primera fila, que no pararon de cantar y jalearlos, pero hubo gente que abandonó el espacio. Y tenemos que mencionar también las propuestas de grupos extremeños como el pop melódico de Lúa Gramer, el electro-rock de Fônal, el folk de autor de Prexton, el jazz-rock de Javier Alcántara, el punk rabioso pero de perfecta ejecución de K-Tólicos, y el rock despreocupado de Kuqui Alegre.

Para cerrar los dos días grandes del festival escogieron a Transglobal Underground y The Brand New Heavies, con resultado desigual. Los primeros empezaban la gira de reunión tras 25 años de carrera y con la mayoría de componentes originales, Natacha Atlas incluida. Había expectación, pero no llegaron a explotar. No sé si fue por el setlist pero no acabaron de atrapar a un público que tenía ganas de fiesta. Y eso que sonaron clásicos como “Temple Head” o el más reciente y certero “Dancehall Operator”. Quizás les faltó ser más efectivos. Más divertidos y disfrutables fueron The Brand New Heavies, además con esa espectacular cantante que es N’Dea Davenport que sigue en plena forma. Su selección de clásicos fue más reconocible por la audiencia y sus ritmos más bailables. Desde “Never Stop” a “Dream On Dreamers” pasando por “BNH” y acabando con “You Are the Universe” y la efectiva “Dream Come True” que cerró el Womad Cáceres 2017. Un festival que los cacereños han hecho suyo y del que se sienten muy orgullosos.