Uno de los festivales más importantes del estado volvió a cerrar con éxito sus cuatro días de fiesta. Más de 200.000 personas han pasado por la vigésimo segunda edición del Festival de Arte-Nativo de Villarrobledo, el Viña Rock.

Los primeros encuentros fueron por carretera. Miradas de ilusión y ganas de fiesta entre los coches —inconfundibles y cargados hasta arriba de esterillas— a ciento veinte por la autopista del Mediterráneo. Por delante, tres días de música —uno más para los que asistieron a la fiesta de bienvenida con Riot Propaganda, entre otros—, ciento treinta grupos y seis escenarios con doce horas seguidas de espectáculo al día.

Una vez encontrado un “buen” sitio en alguno de los camping —y no gracias a las indicaciones— la primera que nos dio la bienvenida fue la lluvia. Y es que Villarrobledo en primavera, aparte de ser la capital del rock, reggae, ska, rumba, rap y punk por excelencia, tiene un tiempo más cambiante e inestable que el cartel de los últimos años del Viña Rock.

Viernes 28
Lendakaris Muertos ofrecieron un espectáculo en plena forma y reventaron, como viene siendo costumbre, uno de los dos escenarios principales. Punks nostálgicos y nuevas generaciones movimos la cabeza con Aitor Ibarretxe y compañía en una hora muy bien aprovechada. Estuvieron intensos de principio a fin con “Estamos en esto por las drogas”, “Cómeme la franja de Gaza”, “Pasau de rosca”, etcétera, hasta el esperado momento “Oso panda”. Después del punk de los navarros optamos por explorar la carpa Viña Dub con la actuación de Iseo & Dodosound. La fusión reggae con toques dub liderada por la poderosa y cálida voz de Iseo creó una atmósfera distendida y cercana que se intensificó al no haber escenario. La carpa estaba a rebosar de curiosos, pero también de seguidores que coreando su debut “Cat Platoon” (15) llegaron al delirio con “Frozen Desert”. Mientras tanto los catalanes Itaca Band presentaban en sociedad su reciente “Explosiva” (17) en el Smoking, escenario cubierto de dimensiones más reducidas donde no cabía ni un alfiler. Al terminar era el turno del reggae masivo y nadando entre la marea de multitudes llegamos al Viña Grow. Incluso encima de los árboles que vallaban la supuesta zona para espectadores —más decoración que frontera, ya que la gente doblaba fácilmente el espacio preparado— se amontonaron fieles para el momento tierno de la noche y del festival. Lo firmaron Green Valley con un impresionante y entregado público de decenas de miles de almas cantando “Si no te tengo” para el hijo de Ander Valverde que estaba naciendo en ese mismo instante en Barcelona. ¡Hasta vimos lágrimas entre los seguidores, emocionados con las palabras del líder! Mientras tanto Boikot, otros típicos del festival, se dejaban de ñoñeces en el escenario Poliakov. Reventaron el nuevo single “Jarama” y clásicos como “Inés” o una espectacular “Kualquier día” con el primer fragmento casi a capella junto al público.

Sin poder sobrevivir y dar abasto a la descabellada cantidad de conciertos seguidos y solapados era el turno de ver otra vez en directo a Mägo de Oz. Mucho nostálgico, muchas expectativas y el resultado demasiado descafeinado. A lo mejor por estar a decenas de metros de distancia y escuchando como se sobreponía la despedida de Canteca de Macao. La situación era escoger: o ver los épicos finales que casi cada grupo se guardaban y ver el siguiente desde muy lejos o renunciar a las últimas canciones de los artistas e ir corriendo a por un sitio decente del siguiente. El espacio en el Villarrobledo quedó demasiado pequeño para un grupo que vive de sus fieles seguidores de siempre y, como era de esperar, sucedieron incidentes como tapones de gente y vallas caídas.

Corriendo de nuevo nos plantamos en el escenario Negrita, que se fue llenando poco a poco hasta la bandera con los padres del ska italiano y uno de los más esperados, los comprometidos Banda Bassotti. El concierto fue de menos a más y no faltaron ni las pancartas de “No pasarán” ni las banderas rojas con la hoz y el martillo. Hubo momentos para el recuerdo con banda-público unido: “Bella Ciao”, “Bandiera Rossa” y “Figli Della Stessa Rabbia” que entre otros clásicos retumbaron de nuevo tres años después en Villarrobledo.

El primer asalto terminó rozando las cinco de la mañana con el tridente The Real Mckenzies, Rapsusklei y Ebri Knight. Mientras los canadienses célticos con atuendos escoceses repasaban sus veinticinco años de trayectoria en el escenario Negrita, Ebri Knight incendiaban el Smoking. Los catalanes interpretaron con fuerza el folk rock de “La palla va cara” (13) y “Foc!” (15) con una complicidad sospechosamente preparada y coreografiados a la perfección. Afirmamos que una gran cantidad del público asistente al festival son catalanoparlantes, pero aun así gentes de todos los rincones vibraron y acompañaron a los ebri coreando desde el estribillo “yo soy campesino puro” hasta “Sàvia i Rebel”.