Cerca de mil personas se citaron el pasado sábado en Viana para asistir a toda una lección de historia del rock estatal impartida por un maestro con cátedra: Enrique Villarreal. Durante casi tres horas, El Drogas recorrió algunos de los capítulos más felices de las cuatro últimas décadas de nuestra música. A lo largo de 41 temas repasó los proyectos que han marcado su trayectoria. Desgranó su triple álbum “Demasiado tonto en la corteza” con canciones como “Cordones de mimbre”, “Están para violarlas” o “Peineta y mantilla”. Regresó a Txarrena con “Ya no anochece igual”, “Así” o “Frío”. Y, por supuesto, viajó por Barricada: “Barrio conflictivo”, “Animal caliente”,“Víctima… Pocos artistas atesoran tantos himnos compuestos a lo largo de tanto tiempo. Y por eso mismo, congregan a seguidores de tantas edades, como pudimos comprobar en Viana. No es fácil encontrar a padres e hijos disfrutando por igual de un espectáculo. Y eso que esto no tiene nada de familiar; sobre el escenario, Villarreal y los suyos conservan la mala leche de antaño. La misma actitud de rockero canalla con la que aupó a Barricada a lo más alto hasta que se precipitó su salida del grupo.

Y aunque El Drogas ha habitado en el epicentro de la escena rockera desde los primeros ochentas, en la actualidad exhibe una madurez espléndida. Hay que estar en muy buena forma física y mental para firmar un show de 180 minutos donde Villarreal lo da absolutamente todo, enfrentándose a su trabajo de una forma física casi flamenca, comparable a los grandes toreros del siglo XX, arriesgando también.

Pasadas las 23:00, salieron a escena Txus Maraví, Eugenio Aristu y Brigi Duque. Y tras ellos, El Drogas. Con traje, botas, pañuelo y sombrero, se presentó ataviado con su habitual etiqueta glam de pirata de salón con la elegancia de un cuervo. Comenzó su actuación con un clásico como “En la silla eléctrica”, muy aplaudido, y ya no hubo tregua. Siguió con “Sofokao”. En “Cómo son” se caló la guitarra eléctrica y la intercaló con la acústica en temas como “Nos hace morir”, “Lentos minutos”, “la hora del carnaval”, “Collar abandonado”, “Debajo de aquel árbol”, “Cordones de mimbre” y “Nada sin ti”. El momento álgido llegó cuando se bajó del escenario para cantar con el público “Oveja negra”. Y tras una breve parada, el concierto encaró la recta final con hits como “No hay tregua” y “No blanco y negro”, que coreó todo el polideportivo. Con la antaño censurada “Bahía de Pasaia” surgió el reciente ataque de Vox. La función terminó con “Otros tragos” y cerraron la velada los madrileños No Konforme.

Aunque se le haya visto otras veces, El Drogas siempre aporta algo valioso. Siempre impresiona esa comunión con sus seguidores. Pocos artistas pueden darse el lujo de contar con un público que le corea durante horas, y es que su música ha sido la banda sonora de varias generaciones. El Drogas es un mito. Y lo demostró en Viana donde volvió a hacer historia.