Tan cercanos como sólo una banda en un recinto pequeño puede mostrarse, a pesar de tener delante a 15.000 personas, y tan lejos de las tonterías habituales en la música ¿independiente? en este bendito país, el resumen de la primera de sus dos actuaciones en Madrid para cerrar la gira de “La deriva” es que los de Tres Cantos son una banda honesta con unas canciones descomunales y un directo arrollador. Las medidas de seguridad fueron casi tan protagonistas como la música, en un día marcado por los reciente atentados en París que la banda aprovechó para agradecer la celebración de la vida que es un concierto.

Delante de corredores y ciclistas, de fondos de colores intensos, un grupo sonando compacto, sólido y con ganas. Comenzaron sin timidez con “La deriva”, intensos desde el principio, especialmente en los momentos más reposados como “Boca en la Tierra” o “Maldita Dulzura”, acompañada de unos vientos que elevaban todavía más uno de los mejores temas del concierto. “Un golpe maestro”, con una batería que construía más que acompañar.

Con pocos cambios respecto al repertorio de otras actuaciones de la gira, dejaron momentos de épico rock de estadio como “Saharabbey Road” o “Mapas”, y otros en los que la voz fue la protagonista como “Lo que te hace grande” y “El hombre del saco”. Después de 25 canciones y más de dos horas sobre el escenario, aún tuvieron tiempo para salir a aplaudir a un público –y a los técnicos y trabajadores del recinto- que a veces se excedió en el karaoke pero al que es difícil restar entusiasmo cuando les pones delante canciones tan grandes como “Baldosas amarillas” o “La cuadratura del círculo”.