Lo que hace grande a Vetusta Morla no son sus sus sólidos y casi indescifrables textos, tampoco el reconocible timbre vocal de su cantante, ni siquiera los siete premios de las Música Independiente que han conseguido hace algunas semanas. Lo que les hace grandes es la humildad, las tablas y los sinsabores que les han dado los años de profesión. Algo que les sitúa en un punto en el que pueden permitirse marcar ellos los tiempos. Tras asaltar cinco Rivieras a finales de 2011, y otros cuatro Teatro Circo Price junto a la Orquesta Sinfónica de Murcia en 2012, todo parecía indicar que el siguiente paso sería el Barclaycard Center. Y a él llegaron, sin prisa pero sin pausa, en la noche del sábado. Y volvieron a hacerse grandes, pero no de cualquier manera. En un momento en el que no se lleva llenar estadios, donde la cultura del festival del verano parece ser la única alternativa, y en el que parece que no hay espacio ni dinero para la música, un grupo español, avalado por público y también por compañeros de profesión, consiguió anoche congregar a 15.000 almas en una jornada que de reflexión no tuvo nada. Allí la gente llegó reflexionada de casa y con ganas de disfrutar de ese desmarque en toda regla que, una vez más, han protagonizado los de Tres Cantos.

Comenzaron con puntualidad británica, a las 22:00 horas y mientras la gente aún entraba al gigantesco recinto. Lo hicieron con “La deriva” y “Lo que te hace grande”. Así, sin concesiones, y sin dar tiempo casi para respirar, Pucho se lamentó de la “hostilidad mediática” que se está viviendo estos días y fue entonces cuando versos como “Cambiaron paz por deudas/ ataron nudos, cuerdas/ y la patrulla nos detuvo por mirar” cobraron vida gritados por las miles de gargantas que al unísono cantaron “Golpe Maestro”. Pero el concierto no había hecho más que empezar. En ese momento aún nadie era consciente del auténtico espectáculo de banda de rock que quedaba por delante. Con un cuidadísimo juego de luces que arropó todos los momentos de la velada y unas trabajadas proyecciones que contribuyeron al éxito del concierto, la banda quiso rescatar para la ocasión canciones que llevaba tiempo sin tocar, como “Boca en la tierra”. Y el público lo agradeció.

Igual que agradeció la capacidad que tiene Vetusta Morla para jugar con las intensidades, las pausas y los silencios de sus canciones. Aún en un espacio abarrotado por tantísima gente, sonaron íntimos y mágicos temas como “Al respirar” o “Baldosas amarillas”. El viaje a través de baldosas amarillas por el que nos llevó Vetusta Morla tuvo momentos apoteósicos en estaciones imaginarias como “Copenhague”, “Saharabbey Road” o, uno de los más aplaudidos de la noche “El hombre del saco”. Ilustrado con delirantes proyecciones de la danza del enano de “Twin Peaks”, Pucho se permitió la licencia de añadir algunos versos al tema que sirvió casi para cerrar la velada “No queremos vivir en las pantallas que quieren que vivamos nuestros presidentes” o “Estamos programados para dar y recibir amor” fueron algunos de los mensajes lanzados mientras el público entraba en un estado de júbilo y comunión.

Se despidieron con “Los días raros” y poniendo de manifiesto que ante todo son un equipo. Una formación que va más allá de las seis personas que vemos en el escenario, tal y como se encargan de recordar siempre que pueden en sus conciertos. En el de anoche no faltaron los agradecimientos a todo un equipo humano que, una vez más, ha contribuido a que Vetusta Morla vuelva a hacerse grande.