El quinteto de Leeds Vessels culminó hace un par de años una transición del post-rock de sus inicios hacia una electrónica de corte entre IDM y techno, energética y melódica, con muy buenos resultados. Un estilo con el que no desencajan para nada en Different Recordings, el sello que ahora les acoge y es hogar de algunas de los lumbreras más reconocidas de la electrónica francesa, como Vitalic, Agoria y/o Étienne De Crécy. Por ahí van los tiros de su nuevo disco, The Great Distraction, que a la postre ha acabado por ser uno de sus mejores trabajos y en el que encontramos algunas estrellas invitadas de postín como The Flaming Lips o John Grant, que ayudan a subir el nivel de unas composiciones que funcionan tan bien en casa como en un club, y por lo visto y oído ayer, también en directo.

En la Sala Siroco no pudimos disfrutar de los invitados del disco, aunque tampoco se les echó demasiado en falta, ya que ellos solos se valieron y sobraron para mantener la atención y la dinámica del concierto a base de los buenos temas de su último trabajo, más alguna recuperación de su anterior disco, Dilate (Pias, 2015), donde ya dieron el salto de fe hacia terrenos más electrónicos. El show arrancó lentamente con la hipnótica y oscura Everyone Is Falling, a la que se le unió en seguida un Glower trasladado al directo con fidelidad, aunque con ciertos desencajes y descuadres de la batería, cosa que tampoco era de extrañar dado que de los cinco músicos que hay sobre el escenario, tres de ellos tocan la batería aparte de algún otro instrumento. Deflect The Light trajo a Wayne Coyne en espíritu y enlatado, en uno de los temas más flojos del disco pero que sobre el escenario funcionó bastante bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De su anterior álbum, Dilate, recuperaron un Elliptic que les acercó en su momento a todo ese movimiento entre techno e IDM que abanderan gente como Jon Hopkins. A partir de este momento se notó que ya estaban más coordinados y cómodos y soltaron toda su artillería, ayudados por el remozado sonido de la Siroco, que ayuda a sentir la presión de los graves como debe de ser. Una energía que por momentos recordaba a la de unos Mogwai, pero cambiando las guitarras por sintes y conservando la intensidad y mala baba. Para ir cerrando nada mejor que echar mano de los clásicos, de las influencias, en este caso poco obvias, ya que se marcaron una interesante versión del clásico The Sky Was Pink de Nathan Fake. Tras esto, un Mobilise con el que abren su último disco y una despedida que esperamos que sea breve, ya que con suerte alguna promotora los acerca a algún festival estatal y podremos comprobar si ese sonido se amplifica y expande en un recinto más grande. De momento los altavoces de la Siroco y nuestros oídos agradecen tanto la paz que dejan como la gloria que se llevan.