En Iruña está medianamente extendida una famosa frase lapidaria: “Pamplona crea a los grupos que luego tocan en Bilbao”. No es que tradicionalmente haya sido siempre así -documentales como “Sonido Pamplona” dan fe de ello- pero es cierto que la prolífica escena pamplonesa siempre ha sido más alabada por sus artistas que por sus espacios. Es por ello que iniciativas como el Uzta Festa abanderan un rol necesario en una ciudad en la que nunca pasa nada: las salas existen, sólo falta la gente.

Ese era el objetivo de un festival que se había propuesto reivindicar algunos espacios culturales de la ciudad (Kato’s, Urbana y Subsuelo) y que buscaba romper con el circuito habitual de festivales de verano y sus carteles, en ocasiones repetitivos. El público ha entendido la idea y ha respondido de forma notoria, acompañando en dos jornadas de eclecticismo musical y propuestas inconformistas.

Así sucedió en el pistoletazo de salida con La Red Bullet, presentando un nuevo trabajo meramente instrumental que huye de los parámetros habituales del sonido rock y experimenta nuevas sendas en la joven trayectoria de la banda. El testigo lo tomaron los atrevidísimos y siempre divertidos Juventud Juché (foto superior) con un show al que solo le faltó una buena prueba de sonido, pero ya se sabe que las prisas son malas consejeras. Por su parte, los esperados The Suicide of Western Culture pusieron el broche a los conciertos de la Sala Subsuelo con una performance plagada de texturas, cambios de ritmo frenéticos y, en definitiva, un live de los que a veces se echan de menos en los más grandes. Dejad Spotify e iros a uno de sus directos. Para acabar con la primera jornada de recogida de la cosecha, Holögrama y Crazy Palmera en Kato’s, cambiaron de tercio y dejaron el rock en manos de una electrónica exquisita y accesible a todos los públicos.

El siempre agradable vermut a manos de King Cayman y el ‘a cuatro manos’ de Patricia Fountaine y Leire Volta precedió en La Urbana al triunvirato de Mursego, Los Graves y Betunizer, en línea ascendente de decibelios pero no por ello menos envolvente el inicio de conciertos del sábado. Especialmente, Mursego (Maite Arroitajauregi), cuya actuación fue un mar de emociones con un silencio bastante respetado (se agradece); y Betunizer, que nos regalaron un bolo sobresaliente con bastantes temas de su último trabajo entrelazados con algunos ya míticos. La apuesta grande del festival, Justin Robertson, navegó entre sonidos house elegantes, momentos tropicales, guiños al sonido africano y la reivindicación de algunos éxitos de la música electrónica popular que hicieron las delicias de los que se dejaron caer por Kato’s. Dj Göo! y Aritz Lazcoz, de sobra conocidos en la escena pamplonesa, se hicieron cargo de una sesión heterogénea y convincente alineada con la de Robertson y con la esencia de un festival que ya es realidad y ha venido para quedarse. Demos gracias por la cosecha.