Con la gira “A Bigger Bang”, que pasó por España en 2007 ya se rumoreaba que podía ser la última vez que los viéramos juntos sobre un escenario. Cuidado. Otra vez el rumor. A esto hay que sumar la publicación, desde entonces, de unos cuantos libros realmente entretenidos sobre su vida y milagros que han conseguido redimirlos de cara a la sección más purista de su público. Sumándolo todo, sale un concierto que va directo al meollo del cancionero clásico, y uno de los escenarios más austeros que han montado desde los 70. No hacen falta ni las muñecas hinchables gigantes ni los castillos de fuegos artificiales, con la música y tres pantallas de vídeo tiene que bastar. Y bastó.  Se dieron cita todos los elementos musicales tradicionales de un concierto de los Stones y punto. Como única propina, apareció Mick Taylor bordando con frialdad “Midnight Rambler”, y un coro completo para introducir “You Can’t Always Get What You Want”. El resto, honestamente, fue cubrir el expediente y desaparecer, algo que en otra época hubiera sido tomado casi como una afrenta, pero que en 2014 se agradece.

Los Stones sin adornos son mucho más Stones. Jagger se tomaba elegantes descansos cada cuatro canciones, Richards iba siempre un poco por delante del compás, Watts, oh sorpresa, se equivocó en, al menos tres canciones, y Wood, bueno, Wood hizo de Wood manteniéndolos unidos con su sonrisa de cadáver pícaro. Y como paradigma de la noche, un “Satisfaction” que se ha pasado medio siglo queriendo ser una canción de Otis Redding, y que sin embargo ahora vuelve a ser el rock facilón que fue el primer día, con Bob Keys al saxo, pero sin grandes adornos. ¡Ole! Se podría haber pedido un repertorio un poco menos raquítico, pero dos horas y (poco) pico de ejercicio aeróbico ya son suficientes y de sobra para que sus geriátricas majestades dieran todo lo que aún son capaces.

Al final triunfó la música sobre el cartón piedra, demostrando que nunca es tarde para volver a ser quienes fueron antes de empeñarse en pasear del brazo de la realeza europea. Falta ahora que graben un último disco igual de austero y de blues, pero como ha asumido por fin Jagger, a nadie le importan las nuevas canciones de un grupo que ha dado tanto de sí, lo que importa es la herencia, y los Stones tienen pinta de estar firmando las últimas voluntades con contención y soltura.