Aquella noche se produjeron dos conciertos muy distintos dentro delmismo. Por una parte, estuvimos ante un genio en estado de gracia capazde adaptar absolutamente cualquier sonido a un estilo tan personal que puedesuponerle ser reconocido como el mejor músico de los noventa. Porotro lado, y precisamente por esa genialidad, el público sufriólos devaneos de un intelecto atacado por el síndrome de Kurt Cobain.Sufrir con una sonrisa todo el concierto sólo tiene un nombre, masoquismo.A Tricky, por ser Tricky, ya no se le pueden tolerar ciertos errores y excentricidadesque terminan siendo sólo desprecio y dejadez. No te engañes.Las gemas negras que brillaron aquella noche fueron impresionantes, desdeel comienzo en oscuro de “Christiansands”, a pesar del sonidograve recargadísimo (eso no fue arbitrario). Tricky desprecia alpúblico blanco, huye de divismos, pero huye tan lejos que cae enmanierismos que aun a Miles Davis le costaban pitos tras cincuenta añosde carrera. Da la espalda, pinta de negro todo el escenario, mucho másque en su anteriores visitas, sube la tensión, entusiasma y cortaen seco, arranca de cuajo la vitalidad. Se podía entender como unmodelo genial de anti-concierto, pero incluso para ello, había elementosque sobraban. Que sí, que presentó un material nuevo interesantísimo,hecho de un mar de convulsiones (cada vez más). Que sí, quecuando atacaba la suerte del blues estratosférico, uno teníala sensación de ver algo histórico. Que cuando lanzaba soflamascomo la de que hay que pensárselo dos veces antes de sentirse real,a uno le recorría un calambre toda la espalda. Que la nueva adaptaciónde “She makes me wanna die” tenía tanto valor como unacanción nueva. Que “Bad Dreams” fue una motosierra asesinaralentizada. Que demostró que puede hacer incluso funky de librosobre el colchón de clavos que es ahora su voz. Pero, equivocacionestan manifiestas como cuando volvieron a empezar con el ritmo original de”She Makes me Wanna Die” y tuvieron que parar, son inaceptables;o que si renuncia “Maxinquaye” puede no tocar “Hell is Roundthe Corner” (con arreglos calcados a la última visita), o “BlackStell”, o bordarlas, pero no destrozarlas con ese desprecio, que elpúblico había pagado por verlo. No hay que dejarse pisotearni dinamitarlo: “Brand New You´re Retro” puso al públicofrenético, y el final sorpresa a base de jungle, induce a una reflexiónpositiva: si es capaz de violar el drum´n´bass y el post-rock igual queel trip-hop, cielos… ¿quién salvará a nuestras hijas?¡Sielos!.