Tanto he escrito sobre este cuarteto catalán que obvie cualquier comentario en estas páginas a propósito de su excelente segundo largo, “An Investment In Logistics” (B-Core, 03), lo cual no significa que no deba dedicarles unas palabras de apoyo cuando nos brindan motivos suficientes para hacerlo. Porque independientemente de que formen parte de un sello con una cantidad de lanzamientos atractivos por encima de la media, The Unfinished Sympathy se han convertido en sus pocos años de vida en una de las formaciones más compactas sobre un escenario del territorio nacional. Arropados por el excelente sonido de la sala aquella noche (quizás algo mate, pero claro y finísimo), los catalanes repasaron un repertorio joven pero que, en sus manos, suena a clásico, y lo hicieron sin salirse de madre en ningún momento, con una profesionalidad indudable y con la excitación suficiente para contagiarnos sin que ello les hiciese perder nunca la compostura. Como de costumbre, los aires de frontman de Fuentes y la destreza de Salas a la batería dirigieron el cotarro, mientras el bajo y la segunda guitarra subrayaron su aportación en los mejores momentos de la noche. De todos modos, The Unfinished Sympathy dejan cada día más claro que lo suyo es el rock a secas, salpicado de hard (“Cherry Coke”) o de rockabilly (“I Killed Her…”) cuando les apetece, pero huyendo -quizás sin pretenderlo desaforadamente- del hardcore. En todo caso, han sabido como maniobrar para dar un paso adelante sin jugarse el pellejo, sin perder la coherencia y, por encima de todo, manteniéndose en ese lugar de honor que se han ganado a pulso.