Esta vez no hubo cocoteros ni otros inverosímiles imprevistos de por medio y la banda más grande del planeta volvió a reinar en el Olímpico de Montjuïc; eso sí, ante un público algo más frío y no tan numeroso como el de ocasiones anteriores. Pocos se atreven ya con las giras de estadios, pero lo cierto es que los Stones –a pesar de su condición sexagenaria- siguen manejando tan magnos recintos a su antojo. Apoyados por una escenografía espectacular, aunque menos impactante de lo que algunos podrían esperar, un sonido que debería haber sido más atronador, y una eficiente mini-legión de músicos secundarios, Jagger, Richards, Watts y Wood (especialmente un Jagger incansable e infalible en su labor vocal) desafiaron al paso del tiempo desplegando con soltura su impresionante e imperecedera colección de hits. Desde el inicial “Start Me Up”, hasta la traca final con “Jumpin’ Jack Flash”, “Brown Sugar” y “Satisfaction”, pasando por joyas menos previsibles como “Ain’t Too Proud To Beg” o “You Got The Silver”, así como una versión de James Brown (“I’ll Go Crazy”) y un mini-set en escenario reducido desde el centro del estadio, pocos argumentos válidos debieron encontrar sus detractores a la hora de poner en duda el sentido de su presencia sobre los escenarios. Si acaso algunas imperfecciones, que las hubo, como siempre, pero nada que empañe el carácter de puro entretenimiento que sustenta un espectáculo que viene repitiendo defectos y virtudes desde hace ya varias décadas. Por cierto, presentaban nuevo disco (aunque “A Bigger Bang” fue publicado hace casi dos años) y eso, por supuesto, fue lo de menos a pesar de que incluyeran dos temas del mismo en el set-list. En cambio, quien más quien menos, se preguntó si todavía tenemos Stones para rato. Visto lo visto, este cronista apuesta a que sí. ¿Será por aquello de que mala hierba nunca muere?