El último jueves del pasado septiembre presente y pasado del rock´n´roll se dieron cita en el estadio de Les Folletes de Benidorm. Con una multitud propia de los eventos masivos y con gran expectación, que a la postre estaría más que justificada, organización (impecable) y público estuvieron a la altura de las grandes celebraciones. Primal Scream abrieron la velada con un repertorio repleto de sus clásicos, incluidos los momentos de riesgo inherentes a su sonido y sin ningún tipo de concesiones para el público adulto menos exigente que, en su mayoría y sólo al final, llegaría a entenderlos y aceptarlos. Lástima que su condición de teloneros para la ocasión no les permitiera lucir al cien por cien su arrollador sonido. La banda de Bobby Gillespie, Mani y compañía supo dosificar sus trallazos sonoros sin dar tregua a sus (camuflados) fans con momentos pletóricos como el infalible “Swastika Eyes”, y con algunos de sus temas más cercanos a la banda de Jagger y Richard. Para finalizar, un apoteósico “Movin´On Up” convenció a muchos de los escépticos y de los estonianos más recalcitrantes. Tras el hit screamadélico, “Sus Satánicas Majestades” hicieron acto de presencia con las primeras palabras espetadas por Mick Jagger en castellano: “Por fin estamos aquí.” para dar paso a una enérgica “Brown Sugar” que, con un sonido espectacular, marcó la diferencia entre las estrellas indiscutibles y sus teloneros de lujo. Así comenzaron dos horas de auténtico rock´n´roll y rythm´n´blues que supieron a poco. Energía y actitud a raudales emanadas por los movimientos, las voces, los coros, las pantallas deslumbrantes (como toda la puesta en escena) y los destellos de Keith Richards dieron cuenta de por qué los Stones pueden celebrar sus cuarenta años (y los que haga falta) de existencia como banda. Sonaron todos sus grandes éxitos centrados sobre todo en la etapa previa a los ochenta (la mejor). Uno de los momento álgidos fue sin duda cuando el escenario convertido en cadalso multimedia, con rojos intensos, voces corpulentas y un ritmo contagioso, reconocible desde el primer golpe de congas, introdujo “Sympathy For The Devil” y encendió a la muchedumbre. Más que destacable también el set que se marcaron desde la tarima central rodeada del público con una banda de rythm´n´blues que ríanse de la new rock revolution. En definitiva un concierto inolvidable y de los que reclaman la etiqueta de histórico. Un diez sobre diez. Sólo un deseo que no sea el último.