A un año de cumplir el décimo aniversario de su proyecto, Ramón Rodríguez no pudo contener las ganas de reunir a su banda para dar un concierto alejado de la dinámica ‘grabo disco, lo publico y hago gira de presentación’. Esta vez tocaba hacer algo diferente, algo especial tanto para él como para los seguidores de The New Raemon. Para ello, Ramón y su talentosa banda ofrecieron un concierto de dos horas en la sala Apolo que iba desde ese iniciático “A propósito de Garfunkel” (Bcore, 1998) a su último trabajo “Oh, Rompehielos” (BCore, 2015).

The New Raemon nos invitó a todos los presentes a acompañarle en un viaje personal que tomaba como inicio de trayecto algunas de las canciones más recientes del grupo, “Oh, Rompehielos” y “Reina del Amazonas”. La ilusión y la felicidad por compartir aquella experiencia con el público se veían reflejadas en los ojos de Ramón, los cuáles brillaron durante toda la noche. Y qué menos cuando de las treinta y tres canciones del repertorio, más de la mitad eran enérgicamente coreadas por un público que echaba de menos escuchar en directo (y con la banda) canciones como “La cafetera”, “Sucedáneos” o “Por tradición”. Aunque la fuerza y la compenetración fueron las grandes protagonistas, ambas encontraban en temas como la cautivadora y desgarrada “El Yeti” o la luminosa “Centinela” –de las pocas canciones que hablan sobre cosas bonitas- momentos para hacer deslumbrar la templada voz de Ramón, la cuál se mostró firme a lo largo del concierto. A la grata compañía de la banda se sumó Ricardo Lezón (McEnroe), quien subió al escenario para interpretar junto al anfitrión tres canciones que demostraban tanto el increíble talento del vasco como la buena sintonía entre ambos, la cuál los ha llevado a crear un nuevo proyecto juntos.

Rozada casi la segunda hora de concierto, Ramón pedía disculpas por el largo repertorio, a lo que una chica del público gritó que no pasaba nada, que ellos estaban muy contentos. “Tú, Garfunkel”, la encargada de cerrar la velada, evidenció ese estado de ánimo. El público, quien parecía simplemente acompañar a The New Raemon en el viaje, acabó convirtiéndose en partícipe de este. Ambos iban de la mano, dejándose la voz y el cuerpo en cada canción. ¿Un concierto especial? Algo más que eso: un regalo para los incondicionales (y para los que no, también).