Jugando en casa y con una sala que rozaba el pleno, el concierto de The New Raemon fue carburando poco a poco. Tras un inicio algo titubeante en el que la banda no acababa de trasmitir del todo el peso de tres guitarras, teclado y violín, fue precisamente el mini set acústico, en el que Ramón Rodríguez se queda solo sobre las tablas, el punto de inflexión del bolo, y “Tú Garfunkel” la canción que sirvió para que se incorporada de nuevo la banda sacando, ahora sí, el pleno rendimiento a sus instrumentos. Una bola de sonido que lograba por fin uno de esos momentos en el que el vello se te eriza en una reacción espontánea, que es al fin y al cabo lo que todos andamos buscando de una forma u otra a la hora de ir a un concierto.

Y lo cierto es que la propuesta de The New Raemon tiene suficientes canciones para lograr reacciones parecidas en los espectadores, pero no sé por qué extraño motivo no acaba de rematar  la jugada, y no logro entender por qué canciones como por ejemplo “Por tradición”, con ese maravilloso estribillo que aúna emoción y épica, no acaban de desarmar mis argumentos del todo. En algún momento me encuentro pensando que debería alargar más los temas y darles otro sentido sobre el escenario, darles más vida instrumental, una mayor profundidad y no cortarse, por ejemplo, a la hora de engarzar con alguna versión ya sea de AC/DC o Chris Isaak, en lugar de apuntarlas en forma de guiño. Y es que temazos como “Consciente hiperconsciente” o “Soñar la muerte”, de su infravalorado tercer álbum (mi favorito y que coloco a la altura del primero) tienen pegada suficiente para dejar fuera de juego a cualquiera.

Lo curioso es que mientras yo afirmo esto, otros pueden pedir todo lo contrario y lo que más les gusta de Raemon es su cara más intima, la más lírica, la que da importancia al cúmulo de emociones que reflejan sus letras por encima del envoltorio instrumental. Y así, entre dos aguas, se mueve su propuesta, con lo que desgraciadamente ni unos ni otros acaban por salir satisfechos del todo de un concierto que pese a todo resulta de gran volada y demuestra el excelente estado de forma de nuestra escena.