Fueron el gran grupo americano tapado en los noventa, cuando sus excelsas melodías apenas se oían debido al terremoto grunge. Con el cambio de siglo aterrizaron en nuestro país con todos los honores, aunque ya sin Mark Olson, una de sus mitades creativas. Y ahora, en su madurez, el binomio Olson-Louris vuelve a funcionar.
Tras visitarnos sin nuevo álbum, la presentación de “Mockingbird Time” -trabajo que no alcanza el nivel de sus obras maestras- les ha traído de nuevo a nuestros escenarios. En la primera de sus cuatro fechas españolas, los de Minneapolis demostraron que siguen siendo un grupo solvente, capaz de desgranar su envidiable repertorio sin apenas fisuras. Pero ahí acaba su oferta. No ofrecen un plus de emoción y el feeling entre Louris y Olson es inexistente.
A pesar de ello, la grandeza de temas como “Blue”, “I’d Run Away” o “Waiting for the Sun” hicieron vibrar al personal. Un par de canciones del período post-separación-de-Olson también fueron muy bien recibidas y, compensando esa concesión, Mark pudo colar algo de su carrera en solitario.
Por último, las versiones de “Up Above my Head” (Sister Rosetta Thorpe) y “Bad Time” (Grand Funk) brillaron intensamente en la parte final. Más que satisfactorio, pues, aunque duele saber que con un Olson entregado podríamos tocar el cielo